Categoría: NO OLVIDEMOS
ASESINADOS POR ETA
24 de marzo de 1973
53º ANIVERSARIO
ETA cometió uno de los asesinatos más execrables y
siniestros de su ya, de por sí, execrable y siniestra historia.
Un crimen
que avergüenza a sus propios autores, la mayoría de ellos hoy
reinsertados.
El secuestro
y tortura hasta la muerte de tres jóvenes gallegos residentes en Irún, que
cruzaron la frontera para ver El último
tango en París y desaparecieron para siempre en algún lugar del sur de
Francia es, además, la historia
de una ocultación y de demasiadas complicidades y silencios.
Aunque el crimen esté prescrito y, además, amnistiado, los
familiares de:
EMPLEADO DE EMPRESA TRANSPORTE
JOSÉ HUMBERTO FOUZ
ESCOBERO
NO TENÍA TRABAJO
JORGE JUAN GARCÍA
CARNEIRO
AGENTE DE ADUANAS
FERNANDO QUIROGA
VEIGA
Siguen sin saber
dónde están los cuerpos de los tres jóvenes.
Una de las personas que más ha luchado por la resolución
del caso es la sobrina y ahijada de José Humberto, Coral Rodríguez Fouz, concejal de Eibar, ex senadora
socialista y parlamentaria vasca.
La angustia y tristeza de su madre Isabel, hermana de
Humberto, fue lo que le animó en 1998 a intentar reabrir el caso, y a que se reconociera a su tío y a
sus dos amigos como víctimas del terrorismo.
Algo que, por otra parte, el arrepentido Soares Gamboa ya escribió en su
autobiografía Agur ETA, en la que
dice que hay que unir, a la larga lista de víctimas de ETA, los cadáveres de
los gallegos "enterrados tal vez en un monte, donde los helechos crecen
más altos que los otros".
Lo que sabemos de esta terrible historia es lo que sigue:
El sábado 24
de marzo de 1973 los tres amigos comieron en casa de Isabel, la
hermana de Humberto, casada con Cesáreo Rodríguez Ponte.
Son los padres de Coral.
Después de una partida de cartas en el Bar Castilla, en la
calle Alhóndiga de Irún, dejaron a Cesáreo en la empresa Decoexsa, pues esa
tarde tenía trabajo.
Decidieron cruzar a San Juan de Luz para ver la película
que entonces la censura franquista prohibía en España.
Tras la película, fueron a tomar una copa al Lycorne, hoy
Pakaloko.
El establecimiento queda a la salida de Bidart, al final
de una larga cuesta.
Ahí tuvieron la mala suerte de coincidir con un grupo de
etarras, entre los que estaban
Tomás Pérez
Revilla, alias Tomás-muerto 1988
acompañado por
Ceferino Arévalo
Imaz, alias El Ruso Prudencio Sudupe Azkune,
alias Pruden
Jesús de la Fuente
Iruretagoyena, alias Basacarte
Manuel Murúa
Alberdi, alias El Casero
Sabino
Atxalandabaso Barandika, alias Sabin.
Los etarras, en su paranoia, confundieron a los tres muchachos gallegos con policías camuflados.
De lo que ocurrió a partir de entonces, hay versiones confusas.
Una de ellas habla de que hubo un enfrentamiento dentro del bar y que
uno de los etarras le partió una botella en la cabeza a José Humberto,
dejándole en muy mal estado.
Tras un forcejeo posterior, los tres jóvenes habrían sido
introducidos en dos coches, uno de ellos propiedad de los agredidos.
Según esta versión, José Humberto Fouz habría muerto a
consecuencia del botellazo y habría sido tirado al mar por un acantilado.
Jorge y Fernando habrían sido llevados a una granja
propiedad de la banda, donde estuvieron secuestrados varios días.
Tras ser torturados y asesinados, habrían sido enterrados
en un monte cercano.
Otra versión habla de que, sobre la marcha, los etarras improvisaron secuestrarles e interrogarles.
Y eso hicieron cuando Humberto, Jorge y Fernando
abandonaron el local de copas para volver a España. Nadie vio ni oyó nada.
En el momento en que iban a montarse en su Austin 1300,
fueron abordados por los etarras a punta de pistola.
Tras introducirlos en el maletero, los dos coches (el de
los etarras y el de Fouz) enfilaron hacia Saint Palais, en el corazón del País
Vasco francés, donde los etarras contaban entonces con la protección de la
mayoría de la sociedad que veía con simpatía a esos valientes gudaris
antifranquistas.
En un barracón del vivero que los lugareños llaman La
Serra, es donde los tres gallegos pasaron sus últimas horas.
Ahí fueron torturados y les preguntaron una y otra vez
sobre si eran policías españoles y sobre las razones de su estancia en San Juan
de Luz.
Después de una larga noche de espeluznantes torturas, tras comprobar que los jóvenes no
iban a poder confesar absolutamente nada, acaban llegando a la conclusión de
que se habían equivocado.
Pero Tomás Pérez Revilla, tras consultar por teléfono,
decide no dejar rastro de
su equivocación. Es él personalmente quien se encarga de rematarlos con
un tiro en la nuca y sus compinches los que cavan una fosa para enterrar los
cadáveres.
A partir de ahí, se impuso la ley del silencio.
A partir de ahí, se inició la lucha de sus familias por saber qué pasó con los tres
jóvenes.
Si en principio pensaron que su coche podría haber caído
al mar por algún acantilado de la Cornisa Cantábrica, en diciembre de ese
año Alfredo Semprúm publica
en el diario ABC un
artículo estremecedor que, en lo esencial, daba en el clavo sobre lo que había
pasado con los tres chicos y daba los nombres de los presuntos asesinos y
torturadores.
Antes, un mes después de la desaparición, el diario
bilbaíno Hierro relataba
que los tres jóvenes habían sido agredidos en San Juan de Luz por un grupo de
etarras.
Mucho después, Mikel Lejarza, El Lobo, agente del Cesid que estuvo años
infiltrado en ETA, afirmó en sus memorias haber escuchado una conversación
entre Pérez Revilla y José Manuel Pagoaga Gallastegui, Peixoto, en la que aludían a los tres jóvenes gallegos y a las
terribles torturas a las que fueron sometidos.
Lo cierto es que, a medida que se fue afianzando la
hipótesis de que ETA era la autora de la desaparición de los jóvenes
gallegos, menor era el
interés de las autoridades francesas en investigar el caso.
Tampoco se hizo
mucho en España, salvo interrogar al etarra José María Zabarte Arregui y
a la novia de Jorge para confirmar que su prometido no tenía motivos para haber
desaparecido de forma voluntaria. El desinterés fue total y absoluto. Ni
siquiera llegó a aparecer el vehículo en el que viajaron los tres amigos.
En 1975 el juzgado de Irún decidió archivar el caso, que
sería reabierto en 2006 gracias, entre otras cosas, al empeño de Coral
Rodríguez Fouz.
Entre medias, en 1997 las familias recibieron un rayo de
esperanza a través de una llamada anónima que hablaba de unos restos mortales
sin identificar en el cementerio de Biriatou y que podrían pertenecer a Eduardo
Moreno Bergareche, Pertur, también
desaparecido y sobre cuya muerte hay versiones contradictorias.
Los primeros resultados determinaron que en la tumba había
tres personas, lo que alimentó la esperanza de que fuesen los tres jóvenes.
Pero finalmente se confirmó, tras hacerse pruebas de ADN
solicitadas por las familias, que los huesos pertenecían a tres mujeres.
Sobre la posibilidad de perdonar este crimen atroz, Coral Rodríguez Fouz declaró en 2005 que "un
crimen así no se puede perdonar, que no nos lo pidan".
A DÍA HOY NO SABEMOS DONDE ESTÁN SUS CUERPOS
SECUESTRADOS, TORTURADOS, ASESINADOS
AUNQUE A DÍA DE HOY NO HA SIDO JUZGADO NI CONDENADO NINGÚN ASESINO DE LA BANDA TERRORISTA ETA POR ESTE ATENTADO
A las 20:30
del
24 de marzo de 1980
46º ANIVERSARIO
ETA asesina a tiros, en la localidad de Durango-VIZCAYA-PAÍS VASCO-ESPAÑA
al joyero
DÁMASO SÁNCHEZ SOTO
Dispararon varios
tiros a corta distancia.
Dámaso cayó herido de muerte frente a la joyería Dasán que
regentaba desde hacía años en Durango. Segundos antes, la víctima, que iba
acompañada por su esposa y una hija, había cerrado la puerta del
establecimiento, situado en la calle Santa María de esa localidad, para
dirigirse a su domicilio.
Los pistoleros de ETA, al ver aparecer a Dámaso,
descendieron de un taxi Seat 131 blanco matriculado en Santander.
Momentos antes dos individuos habían solicitado los
servicios del taxi para trasladarse a Lemona, pero durante el trayecto
amenazaron al conductor obligándole a desviarse del camino. Tras dejarle atado
en un árbol, recogieron a un tercer etarra y se dirigieron a Durango. Después
de asesinar a Dámaso, emprendieron la huida.
Algunos vecinos de Durango dijeron que Dámaso Sánchez
estaba vinculado a organizaciones de la extrema derecha. Frente a estas
opiniones existen otras que decían desconocer las actividades políticas
concretas del joyero. Sea como fuere, ETA volvió a recurrir a la justificación
del asesinato diciendo que Dámaso era un confidente de la Policía.
Por el
asesinato de Dámaso fueron condenados en
Juan José
Larrinaga Echevarría
Juan Antonio
Urrutia Aurteneche
Fernando Iraculis
Albizu.
A las 21:30 del
24 marzo
1980
46º aniversario
ETA asesinar,
también a tiros, a
marmolista de profesión
JOSÉ ARTERO QUILES
En la localidad de
Escoriaza-GUIPUZCOA-PAÍS VASCO-ESPAÑA
José había estado momentos antes en el Bar Toki-Alai,
donde presenció el programa de televisión Gran
Estadio.
Más tarde se dirigió a otra cafetería y, de allí, a su
automóvil.
Fue tiroteado en el momento en que ponía en marcha su
vehículo, aparcado en la plaza del pueblo frente al Ayuntamiento.
Murió en el acto.
Los terroristas utilizaron un Seat Ritmo, matriculado en
San Sebastián, que habían robado a su propietario, un farmacéutico de la vecina
localidad de Arechavaleta, al que abandonaron después de maniatarlo.
Según algunos vecinos de Escoriaza, José mantenía estrechas relaciones con miembros de la Guardia Civil. Por este
motivo parece que había recibido varias amenazas. El hecho es que los autores
del atentado, miembros del grupo Iharra de ETA, recibieron órdenes de
asesinarle porque era
confidente de la Policía. Lo mismo que ocurrió con Dámaso.
En 1994
fueron condenados como autores materiales del asesinato
Francisco Martín
Robles
Enrique Letona
Viteri
Jon Aguirre
Aguiriano.
También fue condenado
Jesús María
Zabarte Arregui
Como autor por cooperación necesaria.
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