CATEGORÍA: no OLVIDEMOS
AESINADOS POR
ETA
A las 8:30 del
23 de febrero de 1979
47º ANIVERSARIO
ETA, armados con metralletas, asesinaban al
guardia civil
BENITO ARROYO GUTIÉRREZ
Cuando se desplazaba en su automóvil
particular desde su residencia de Icíar al cuartel de la Guardia Civil en Deba-Guipúzcoa-PAÍS VASCO-ESPAÑA, en el que trabajaba desde hacía más de veinte
años.
Los
terroristas esperaban a su víctima en el stop que marca la confluencia de la
carretera que baja de Icíar con la que une Bilbao con San Sebastián. Estaban
escondidos en el recodo de la curva, cuando divisaron el automóvil del guardia
civil, un mini de color rojo.
En
ese momento saltaron a la carretera y, a una distancia no superior a diez
metros, vaciaron los cargadores de sus armas contra él. Benito Arroyo perdió la
vida en el acto al impactar en su cuerpo dos de las catorce balas disparadas,
que le alcanzaron el tórax y la cabeza.
El
vehículo en el que se desplazaba presentaba doce impactos de bala y la Policía
confirmó que los casquillos encontrados en el lugar del suceso eran del calibre
9 milímetros parabellum,
marca SF.
Una
vez logrado su objetivo, los asesinos recorrieron rápidamente los cincuenta
metros que les separaban de su automóvil, un Seat 124, en el que esperaba al
volante una tercera persona.
La
realidad es que Benito estaba destinado en la Intervención de Armas y se
encargaba de tareas administrativas, como tramitar los permisos de los
cazadores para la tenencia de escopetas.
23 de febrero de 1984
42º aniversario
Era asesinado en la puerta de su domicilio en San
Sebastián-país vasco-españa
secretario de organización del PSE-PSOE, candidato
número uno por Guipúzcoa en las elecciones autonómicas y miembro de la Junta de
Seguridad de la Comunidad Autónoma Vasca.
ENRIQUE
CASAS VILA
El
atentado se produjo en torno a las 14:50 horas.
Dos
individuos llamaron a la puerta del domicilio del dirigente socialista, en la
Alameda de la Alondra del barrio de Bidebieta 2.
El
senador, en un primer momento, se negó a abrir la puerta a los dos jóvenes.
Pero
estos insistieron en que eran obreros de la canalización que se estaba haciendo
al lado del edificio y solicitaban que el senador sacara el coche del garaje,
pues iban a abrir una zanja por delante.
Nada
más abrir, los dos terroristas descargaron sus armas contra Enrique, que
retrocedió para intentar ponerse a salvo, pero uno de ellos lo siguió hasta el
interior de la vivienda.
El
senador llegó a gritarles "asesinos y cobardes", antes de caer
mortalmente herido en una de las habitaciones del domicilio.
Tenía
seis impactos de bala, cuatro de ellos en el tórax, uno en el cuello y otro en
el rostro.
En
ese momento se encontraban en la vivienda, además de Enrique Casas, dos de sus
hijos: el mayor, Richard, de 17 años de edad, que estudiaba COU, y el más
pequeño, de ocho meses, así como la mujer que cuidaba del niño.
El
servicio policial de protección de que disponía el senador Casas para sus
desplazamientos no se encontraba en el lugar del crimen.
Al
parecer tenían órdenes de acudir a su domicilio pocos minutos antes de que
fuera a salir a la calle.
El
asesinato, primero del que era víctima un parlamentario vasco y
hombre clave del Partido Socialista en el País Vasco, conmocionó
extraordinariamente a la población y a la clase política, y los actos
electorales previstos para ese día, incluidos los de Herri Batasuna, fueron
inmediatamente suspendidos. También hubo acuerdo en suspender lo que quedaba de
campaña electoral, y en el palacio presidencial de Ajuria Enea ondearon la bandera
española y la ikurriña a media asta.
Iñaki
Esnaola, abogado y parlamentario de Herri Batasuna, manifestó que el atentado
le horrorizaba en la medida en que la víctima era una persona política que
desempeñaba una labor política. "Ahora", dijo Esnaola, "el GAL
tiene la excusa para colocarnos en su punto de mira". "Este
atentado", añadió, "puede efectivamente llevar a un enfrentamiento
civil". Esnaola especuló con la posibilidad de que el atentado fuera
reivindicado "por alguna sigla extraña, tras la que se ocultaría una trama
negra", o bien por los Comandos Autónomos Anticapitalistas, de los que
dijo "no aceptan la participación y están dispuestos a desestabilizar
cualquier tipo de sistema". Esnaola descartó a ETA militar como autora del
asesinato, "porque eso supondría un salto cualitativo inmenso".
En un
ambiente de extraordinaria emotividad el cuerpo de Enrique Casas llegó a las
20:45 horas a la Casa del Pueblo, donde se instaló la capilla ardiente por
deseo expreso de las bases socialistas. Allí esperaban varios centenares de
militantes socialistas, muchos de los cuales no pudieron contener las lágrimas
ante la presencia del cadáver.
El funeral se celebró el 24 de febrero a la una de la tarde en la Iglesia
de Santa María, en San Sebastián, y el entierro se llevó a cabo a las cinco de
la tarde en el cementerio donostiarra de Polloe.
Hacia las 12:30 horas era sacado de la Casa del Pueblo el féretro con los
restos mortales del senador asesinado, que fue recibido con aplausos y gritos
unánimes de "Viva el socialismo", "ETA, asesina" y
"ETA, traidores, matáis trabajadores", que se mezclaron con otros
aislados, llenos de rabia, como "Muerte a los asesinos".
Tras un coche fúnebre con las coronas de flores, se situaron los
militantes del PSOE y UGT que portaban a hombros el ataúd con los restos de
Casas, envuelto con la bandera española, la ikurriña y las de UGT y el PSOE.
A continuación marchaban dos coches con los familiares y los vehículos
que ocupaban Felipe González, Alfonso Guerra y los demás dirigentes del
partido. Detrás se constituyó lo que puede considerarse una de las más
importantes manifestaciones conocidas en San Sebastiánpues eran miles las
personas que componían la comitiva y las situadas a lo largo de todo el
trayecto. Todos los carteles electorales de Herri Batasuna colocados
en las paredes de los edificios situados a lo largo del trayecto aparecían
con enormes manchas de pintura roja-sangre, hechas por militantes socialistas.
El acto religioso fue concelabrado por siete sacerdotes.
El párroco de la basílica manifestó en su homilía que todas las palabras
y las protestas están dichas y hechas, pero todavía no se ha inventado la
palabra para calificar el asesinato de Casas. "Hay demasiada sangre
de Caín entre nosotros", afirmó.
A las cinco de la tarde tuvo lugar el entierro y compañeros del senador
asesinado, entre ellos Txiqui Benegas, llevaron a hombros el ataúd hasta el
panteón familiar.
El
mismo día del atentado, en llamadas a varios medios de información vascos, el
grupo Mendeku (Venganza) y los Comandos Autónomos Anticapitalistas
reivindicaron el asesinato, mientras ETA militar desmentía su participación en
el mismo. Algunos opinan que la larga relación de acciones reivindicadas por
los Comandos Autónomos no se sujetaba a ninguna línea de actuación concreta y
era indiscriminada, mientras desde otros sectores se apunta a que hacían el
trabajo sucio que ETA no era capaz de reivindicar públicamente.
Tras
el asesinato de Casas, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado iniciaron
una intensa actividad de caza y captura de los asesinos, que se saldó un mes
después con las detenciones de Rosa María Jimeno, empleada del Ayuntamiento de
Orio, y de José Luis Merino Quijano.
Este
último era el único superviviente del tiroteo que se produjo el 22 de marzo de
1984 en Pasajes de San Juan, en el curso del cual fallecieron Dionisio
Aizpurúa, Isidro Izura, Rafael Delas y Pedro Isart.
Merino
Quijano fue condenado a 29 años de prisión por sentencia de la Audiencia
Nacional de 1985, como uno de los dos terroristas que acabaron con la vida del
senador.