lunes, 19 de octubre de 2026

ESPARRAGOS BLANCOS GRATINADOS

 


Categoría: PLATO

 

HORTALIZA-espárrago

 

 

 

COMENSALES: 4

 

PRECIO: económico

 

 

 

INGREDIENTES

 

Espárragos             16

Salsa bechamel     1 L de leche

Queso rallado

Ajo                   2 dientes

Aceite de oliva

 

 

ELABORACIÓN

 

En una cazuela con agua y sal cocemos los espárragos

 

Escurrimos a los 15 minutos

 

Cortamos la parte de debajo de los espárragos, la que esta dura

 

Se llevan a una sartén con ajo y se rehogamos junto a los esparragos

 

En una fuente ponemos los espárragos cubrimos o napamos de salsa bechamel

 

Añadimos por encima queso rallado

 

Se llevan al horno, gratinamos


19 OCTUBRE

 

Categoría: NO DEBEMOS OLVIDAR

ASESINADOS POR ETA

 

A  las 8:30 del

19 de octubre de 1993

33º aniversario

 

ETA asesinaban en Madrid-ESPAÑA,

Al  general de División del Ejército del Aire 

DIONISIO HERRERO ALBIÑANA

 

 

HERIDO

      Soldado  Alberto Pasamontes Navarro, que actuaba como chófer del general.

 

Los asesinos esperaron a que Dionisio Herrero saliera de su vivienda, en el número 101 de la calle Hermosilla, para montar en el vehículo oficial que habría de llevarle a su trabajo.

Antes de que llegara a subir al coche, a escasos metros del portal de su casa, dos de los tres terroristas lo acribillaron a tiros.

Como cada día, el general Dionisio Herrero salió de su casa para dirigirse a su trabajo como director de Sanidad del Mando de Personal del Ejército del Aire.

Vestido de paisano, había recorrido poco más de quince metros desde que salió del portal y estaba cruzando la calle de Alcántara cuando dos terroristas efectuaron varios disparos contra él, mientras un tercero los cubría desde cierta distancia.

El general se dirigía al vehículo oficial, un Volkswagen Santana granate blindado, conducido por el soldado Alberto Pasamontes, de 23 años, y al que le faltaban dos semanas para licenciarse.

A unos cinco metros del Santana, el cuerpo del general quedaba tendido en el suelo con media docena de impactos de bala, instantes antes de que uno de los tres asesinos se acercara para rematarlo con un séptimo tiro.

En ese momento el soldado conductor, al darse cuenta de lo que estaba sucediendo, salió de su vehículo e intentó hacer frente a los terroristas con su arma reglamentaria, pero fue alcanzado por un disparo en el abdomen y se vio obligado a refugiarse en el coche blindado.

Una vez dentro, uno de los terroristas se acercó y realizó hasta cinco disparos contra el parabrisas, a la altura de la cabeza de Alberto Pasamontes, con la intención de asesinarlo, pero el blindaje evitó que las balas lo alcanzaran.

Al oír los disparos, la esposa del general Herrero, Isabel Moya López, se asomó a una ventana y gritó a un niño que estaba en la calle: "¿qué pasa? ¿qué pasa?", a lo que éste le respondió "han asesinado a un hombre".

Isabel, entre sollozos, volvió al interior de la casa, hasta que unos agentes del Cuerpo Nacional de Policía llamaron a su puerta para comunicarle la noticia.

Después de atentar contra el general y su chófer, los tres asesinos se dirigieron por la calle de Alcántara hacia la de las Naciones, hasta llegar donde habían aparcado previamente un coche robado como siempre

Allí abandonaron el coche, frente a la sede del Instituto Nacional de Industria.

A las nueve de la mañana el coche explotaba, provocando daños materiales en otros vehículos de las inmediaciones y borrando así huellas y otros posibles rastros.

José Antonio Hidalgo Almagro, un transeúnte que pasaba por el lugar, sufrió un choque emocional. La zona era frecuentada habitualmente por numerosos niños, debido a que en las inmediaciones se encontraban varios colegios.

Además, el mismo día del atentado altos mandos de la lucha antiterrorista de España y Francia se reunieron en París para tratar una serie de temas. Entre ellos estuvo el reciente fracaso de la operación llevaba a cabo contra el "aparato de mugas" de ETA, en la que logró escapar Juan Miguel Michelena Berasarte, responsable de dicho entramado. Michelena estaba sometido a un intenso seguimiento desde meses antes, por lo que las investigaciones se centraron en averiguar el origen de las filtraciones que permitieron su escapatoria. El soplo fue dado por un informante que dijo ser miembro de la Policía francesa, a través de una llamada al diario Egin. Desde medios franceses se sugirió que las filtraciones podrían ser una muestra de buena voluntad hacia ETA por parte del Gobierno español, de cara a las posibles negociaciones que en ese momento estaban iniciándose desde el Ministerio del Interior, mientras que fuentes policiales españolas señalaban a Roger Boslé, al mando de la operación por parte gala, como el responsable del fracaso debido a errores en la planificación.

 

 

En abril de 2003

 

La  Audiencia Nacional condenó a 

   Juan Luis Aguirre Lete, alias Isuntza, a 66 años y medio de prisión por los delitos de atentado terrorista, asesinato en grado de tentativa, robo de vehículo a motor, falsificación y tenencia de explosivos, considerándolo autor material del asesinato del general Herrero.

 

El asesino fue detenido en noviembre de 1996 por la Policía francesa, en un peaje situado en las afueras de Bayona, en el País Vasco francés.

 

En el año 2000 el Tribunal Correccional de París lo condenó a una pena de 10 años de cárcel por asociación con fines terroristas y en agosto de 2002 fue entregado temporalmente a España para que fuera juzgado por diversas causas, entre las que estaba el asesinato de Dionisio Herrero.

 

En marzo de 2003 las autoridades españolas devolvieron a Aguirre Lete a Francia para que siguiera cumpliendo su condena en el país vecino y, en junio de 2004, fue definitivamente extraditado desde Francia a España.

 

Durante el juicio por el asesinato del general, la principal prueba contra Aguirre Lete fue la presencia de huellas dactilares del terrorista en las placas de matrícula del coche empleado por los asesinos.

 

La defensa de Aguirre Lete presentó un recurso argumentando que en base a eso no podía considerársele autor material del atentado, sino simplemente cómplice del mismo.

 

En 2005 el Tribunal Supremo estimó parcialmente el recurso, sentenciando que "no era posible saber, por el contrario, si participó en la ejecución del atentado", por lo que el etarra vio rebajada su pena en 20 años.

 

Una de las pistolas utilizadas para asesinar a Dionisio Herrero fue empleada posteriormente, en 1996, para matar al expresidente del Tribunal Constitucional Francisco Tomás y Valiente.

 

 

 

alrededor de las 22:45 del

19 de octubre de 1995

31º aniversario

Fallecía  

El  inspector jefe del Cuerpo Nacional de Policía,

SAN SEBASTIÁN-PAÍS VASCO-ESPAÑA

ENRIQUE NIETO VIYELLA

 

Tras  una agonía de más de cuatro meses en estado de coma profundo.

El inspector jefe Enrique Nieto estaba ingresado en el Hospital de Nuestra Señora de Aránzazu de San Sebastián desde el 8 de junio de 1995, fecha en que un miembro de la banda terrorista ETA le descerrajó a bocajarro un tiro en la nuca en plena calle. Enrique siguió ingresado en dicho hospital hasta el momento de su fallecimiento.

El día 8 de junio de 1995, poco antes de las nueve de la mañana, Enrique salió de su casa, situada en la avenida de Sancho el Sabio, en el barrio de Amara de San Sebastián.

 

Se dirigía, como cada día, a su puesto en la Comisaría del Gobierno Civil, a menos de quinientos metros de su domicilio, cuando fue abordado por un terrorista que le disparó un único tiro en la nuca cuando apenas había recorrido unos pocos pasos desde que saliera del portal.

 

El pistolero emprendió entonces la huida caminando en dirección al Parque Amara, hacia el río Urumea, llevando la pistola todavía en la mano durante algunos metros.

 

Según las primeras declaraciones de los testigos oculares otro terrorista le habría estado esperando en un coche robado como siempre en el paseo de Vizcaya, a la altura de la plaza de Álava, para ayudarle durante la fuga.

 

La bala que atravesó la cabeza del inspector jefe rebotó en un lateral del portal de su vivienda, siendo encontrada finalmente en la carretera. También se recogió un casquillo del calibre 9 milímetros parabellum, marca SF.

 

Presentaba un orificio de entrada y otro de salida, ambos en la parte posterior de la cabeza, así como pérdida de masa encefálica.

La ambulancia medicalizada de la Cruz Roja se presentó inmediatamente en el lugar de los hechos y lo trasladó al Hospital de Nuestra Señora de Aránzazu, donde llegó con parada cardiorrespiratoria y en estado de coma.

Fue introducido en el quirófano a las once menos cuarto, tras haberle realizado un escáner.

La intervención duró cerca de tres horas y quedó ingresado en la UCI con pronóstico muy grave. Los médicos responsables de la intervención manifestaron que aunque el herido había resistido bien la operación de limpieza de las esquirlas alojadas en el cráneo, así como la reparación de los vasos sanguíneos cerebrales, su estado no era esperanzador. Quedaría en estado de coma profundo, no saliendo de éste hasta el día de su fallecimiento, casi cuatro meses y medio después del atentado.

 

En 1998 la Audiencia Nacional condenó

A 30 años y cuatro meses de prisión al etarra

   Valentín Lasarte por el asesinato del policía Enrique Nieto Viyella, contemplando los delitos de atentado terrorista y de utilización ilegítima de vehículo de motor.

El tribunal consideró probado que en mayo de 1995 Valentín Lasarte y dos miembros más del grupo Donosti de ETA "realizaron informaciones sobre las costumbres y el recorrido habitual de Nieto, y llegaron a la conclusión de que la mejor manera de llevar a cabo la acción era con una motocicleta".

Según el fallo, Lasarte y los otros terroristas se trasladaron al Hotel Orly de San Sebastián, donde uno de ellos se quedó esperando mientras Valentín Lasarte y el tercer terrorista volvían a la vivienda de Enrique Nieto y se juntaban en el portal, esperando a que éste saliera de su casa. Valentín Lasarte "por la espalda y a corta distancia le disparó una sola vez a la cabeza con la pistola", lo que conllevaría la muerte del policía cuatro meses después de los hechos.

 

En el caso del inspector jefe Enrique Nieto, los datos suministrados por la informadora de ETA no sólo sirvieron para cometer el atentado que acabaría con su vida, sino también para planificar, anteriormente, un primer atentado contra el policía que no pudieron llevar a cabo.

Barrenetxea había recibido instrucción en el manejo de armas en un monte de Navarra, pero finalmente su colaboración con la banda ETA se centraría en recabar información sensible sobre futuros objetivos, gracias a su puesto en el INE, que le permitía tener acceso a datos sobre personas de cualquier parte de España, como por ejemplo DNI, domicilio, formación, puesto de trabajo, etc.

La colaboradora de ETA estaba siendo investigada por la Policía desde que en 1993 fuera desarticulado el grupo Txomin Iturbe.

Por aquel entonces se localizó un piso en Pamplona donde fueron encontradas armas y documentación, así como una carta de Francisco Javier Chimeno Inza en la que mostraba su preocupación por lo que podría suceder si las Fuerzas de Seguridad detuvieran a Aránzazu Barrenetxea, ya que ésta había hecho acopio de una gran cantidad de información que podría desembocar en una gran operación policial si ella era capturada.

   María Aránzazu Barrenetxea acabaría siendo condenada a siete años de prisión por el Tribunal Supremo, por su colaboración con los grupos Donosti y Txomin Iturbe de ETA.

Sin embargo, lo sucedido con Barrenetxea Bereziartúa no es un caso aislado en la historia de cómo ETA ha logrado introducir a miembros y colaboradores en distintos puestos de la Administración a lo largo de su historia.

 

En junio de 1996 se supo que

 

   Rubén Egaña Zumeta, condenado a seis años por colaboración con ETA, había sido contratado por la Delegación del Instituto Nacional de Estadística de Guipúzcoa, para la actualización del Censo.

 

En 1995 la Audiencia Nacional

 

Condenó a

   Alfonso Castro Sarriegui, exmiembro de la Policía Municipal de Rentería, a 18 años de cárcel por su colaboración en el asesinato de Raúl Suárez Fernández.

 

En 2004

 

   Laura Riera fue condenada a 9 años de prisión por su colaboración en atentados como el que le costó la vida al concejal del PP en San Adrián del Besós, José Luis Ruiz Casado.

 

Riera, que trabajaba en la sección de multas del Ayuntamiento de Tarrasa, tenía acceso a los datos sobre los vehículos de las víctimas, a través de la base de datos de la Dirección General de Tráfico.

 

En 1987 la Policía detuvo en Galdácano a dos miembros de ETA acusados de facilitar información a la banda.

 

Se trataba de Félix Santamaría Azaola y Aitor Jugo Álvarez, el primero de los cuales era funcionario de Hacienda para la Diputación Foral mientras que el segundo había trabajado en ese departamento en el pasado.

 

En 1988 fueron detenidos

 

   Asier Elguezabal

 

   Yolanda Aldama, acusados de colaboración con ETA.

 

El matrimonio fue puesto en libertad, pero un documento etarra incautado dos años más tarde demostraba que habían trabajado para ETA suministrándole información.

 

Él era hijo de un alto cargo del Gobierno vasco y ella empleada de la Dirección de Tráfico.

domingo, 18 de octubre de 2026

GARBANZOS ESTOFADOS

 

 

 

Categoría: PLATO

 

LEGUMBRES-garbanzo

 

 

COMENSALES: 4

 

PRECIO: económico

 

 

INGREDIENTES

 

Garbanzos       500 gr

Cebolla             2

Ajo         3    dientes    

Tomate                        4

Unto un trocito

Aceite de oliva

Sal

Pimentón dulce

Agua o Caldo              500 ml

Huevo  duro      1

 

 

ELABORACIÓN

 

Se pone en remojo toda la noche, al día siguiente los escurrimos, ponemos al fuego una olla con agua o caldoy cuando hierva echamos los gar banzos.

Cuando estén tiernos los escurrimos.

De los garbanzos escurridos, retiramos medio cucharón y los reservamos.

Pelamos  cebolla,  ajos, tomate y los trituramos por separado.

En una cazuela, ponemos un poco de aceite y sofreímos  cebolla, después añadimos  ajo, tomate y lo dejamos hacer todo junto.

Añadimos  agua o  caldo, el trozo de unto y llevamos a ebullición.

Cuando hierva, agregamos  garbanzos, salamos y dejamos hervir.

Mientras, pelamos el huevo hervido y lo trituramos con el medio cucharón de garbanzos que habíamos reservado, si es necesario podemos añadir un poco de agua de la cazuela.

 

 

Agregamos el huevo a la cazuela, removiendo para que se integre.

Incorporamos pimentón dulce.

Rectificamos de sal.

Dejamos hervir unos minutos más, retiramos el trozo de unto y bajamos del fuego.

18 OCTUBRE

 

Categoría: NO DEBEMOS OLVIDAR

ASESINADOS  POR ETA

 

Hacia las 20:00 del

18 de octubre de 1975

51º ANIVERSARIO

 

ETA asesinaba en Zarauz-guipúzcoa-país vasco-españa,

Al  guardia civil 

MANUEL LÓPEZ TREVIÑO

 

 

Que  acababa de abandonar, vestido de paisano, el cuartel de la Benemérita en la localidad guipuzcoana para dirigirse a su domicilio.

Varios miembros de la banda (dos o tres) le esperaban en la avenida de San Ignacio y le siguieron durante unos metros.

Cuando estaban a la altura del chalé Villa Reineta, le dispararon por la espalda una ráfaga de metralleta.

Alcanzado por tres balas en la cabeza, Manuel López Treviño falleció en el acto, mientras los pistoleros de la banda emprendían la huida en un vehículo.

Mientras algunos vecinos se dirigían al cuartel para dar aviso de lo que había sucedido, otros corrieron a la Casa de Misericordia a escasos metros del lugar del atentado para buscar a un médico.

Una monja del asilo-hospital comprobó que el guardia civil no tenía pulso.

El médico que llegó poco después certificó la muerte del agente López Treviño.

Minutos después un joven y su novia paseaban por la avenida de San Ignacio.

Se acercaron al corro de personas que se había formado alrededor del cadáver del guardia civil y el joven comprobó horrorizado que la persona que yacía en el suelo era su propio padre.

En esa operación se detuvo a varios miembros legales de la banda terrorista en Zarauz, como Ignacio Arambarri, de profesión cristalero.

 

Esos grupos pasaban información a ETA sobre miembros de las Fuerzas de Seguridad y sobre presuntos chivatos que se convertían así en objetivo de la banda asesina.

 

Uno de los autores materiales del asesinato de López Treviño fue Ignacio Gabirondo Agote, alias Donibane, que falleció el 13 de julio de 1980 en el intercambio de disparos que se produjo después de que los etarras tendieran una emboscada contra un convoy de la Guardia Civil que acabó con la vida de Antonio Gómez Ramos y Aurelio Navío Navío.

 

Otro participante en el asesinato fue José Agustín Achega Aguirre, alias Fiti.

 

Para cuando fue detenido en 1983 varios de los delitos cometidos, entre ellos el asesinato de López Treviño, habían sido amnistiados.

 

 

La noche del

 

18 de octubre de 1983

 

43º ANIVERSARIO

 

 

 

ETA, autodenominados ETA-pm VIII Asamblea, conocidos como los octavos,

 

Acababa  con la vida del capitán de Farmacia 

 

ALBERTO MARTÍN BARRIOS

 

 

 

Terminaba así un sádico secuestro que se inició trece días antes, el 5 de octubre, cuando Martín Barrios salió de su domicilio poco antes de las ocho de la mañana para dirigirse a su puesto de trabajo en el Gobierno Militar de Bilbao-PAÍS VASCO-ESPAÑA, trabajo al que nunca llegó.

 

Era habitual que hacia las 10:00 de la mañana Alberto llamase a su mujer, María Ángeles, pero esa mañana no lo hizo.

 

Extrañada, fue ella la que llamó a las 11:00 y le comunicaron que su marido no había llegado aún al Gobierno Militar.

 

A partir de ahí, saltaron todas las alarmas y se inició un calvario terrible para la familia, pues la banda asesina no exigía una contrapartida económica, sino la suspensión de un juicio contra miembros de la banda detenidos por el asalto, dos años antes, del cuartel del Ejército de la localidad catalana de Berga, Cuartel de Cazadores de Montaña.

 

En el lapso de tiempo que transcurrió entre el secuestro y el asesinato, los terroristas mantuvieron un pulso con los medios de comunicación, a los que exigían la lectura íntegra de sus comunicados, llenos de farfolla política, mientras en paralelo la familia del militar pedía angustiada, a través de esos mismos medios, que liberasen a Martín Barrios.

Por otra parte, el secuestro de Martín Barrios coincide en el tiempo con algunas de las acciones de la "guerra sucia" contra ETA. Aunque entonces no se conocían sus siglas, fue entonces cuando nacieron los autodenominados GAL.

 

El 15 de octubre, diez días después del secuestro de Martín Barrios, desaparecen en Bayona José Antonio Lasa y José Ignacio Zabala.

 

Para la izquierda proetarra el mensaje era claro: Madrid había decidido jugar la baza de la guerra sucia haciendo del secuestro de Martín Barrios una cuestión de Estado.

 

El 18 de octubre cuatro GEOS intentan secuestrar en Hendaya al octavo José María Larretxea Goñi.

 

Los policías españoles se abalanzan sobre la moto en que circula y, a consecuencia de la embestida, el terrorista resulta herido.

 

La operación fracasa con la detención de los policías españoles por parte de la Policía francesa.

 

La cúpula policial decidió el secuestro del etarra con la intención de "canjearlo por el capitán de farmacia Alberto Martín Barrios.

 

Que me cojan a mí, pero que lo suelten. Por favor se lo pido, no puedo más") hicieron recapacitar a la banda asesina.

El cuerpo sin vida del capitán de Farmacia, amordazado y con un tiro en la sien derecha, apareció en una caseta situada cerca del cruce de El Gallo, en Galdácano, próximo al parque de atracciones de Bilbao, tal y como había alertado un comunicante anónimo a la sede de la Cruz Roja en la capital vizcaína tres cuartos de hora antes.

En un primer rastreo la Policía no consiguió encontrar el cadáver de Martín Barrios. En una segunda batida, ya en la mañana del 19 de octubre, se descubrió el cuerpo apoyado en un pequeño muro que rodea la caseta de El Gallo. "Estaba amordazado, y aunque apenas se le veía la cara, aparecía amoratado", declaró uno de los voluntarios de la Cruz Roja que participó en la búsqueda del militar.

Trasladado en una ambulancia militar al Hospital Civil de Basurto, el dictamen forense indicó que el capitán secuestrado murió entre las siete y las ocho de la tarde del día anterior, 18 de octubre.

El último mensaje público que envió su mujer ponía de manifiesto que la familia esperaba un feliz desenlace del secuestro.

Decía María Ángeles: "Alberto, no te preocupes por ninguno de nosotros. Tanto tus padres como tus hijos y yo estamos perfectamente con la esperanza de que todo se resuelva favorablemente".

El portavoz de la familia, Daniel Rodríguez, primo de Alberto, declaró que no se esperaban el asesinato: "No lo comprendemos (...) hasta el último momento hemos mantenido la esperanza de que fuese liberado con vida". Interpelado acerca de la actitud de la familia respecto a los secuestradores dijo: "Como católicos, les perdonamos, y lo único que deseamos es que pueda resolverse esta situación".

En relación con la postura de TVE, que condicionó la difusión del comunicado exigido por ETA a la liberación del capitán secuestrado, Daniel Rodríguez dijo: "No quiero echar más leña al fuego, pero cabe la duda de que si se hubiese emitido, se habría producido el mismo resultado".

Y por si no quedaba clara la postura de la familia, en rueda de prensa esa misma tarde, dijo: "En cualquier caso, no hay más que un asesino: ETA-pm".

Aparte de la publicidad que lograron los octavos, grupúsculo de ETA que pocos meses después quedaría completamente desarticulado, el secuestro de Martín Barrios demuestra hasta qué punto la actuación del llamado nacionalismo moderado ha seguido fielmente la máxima del árbol y las nueces del que hablara Xabier Arzalluz, a tenor del relato del contexto en el que se produjo el secuestro y asesinato de Martín Barrios que hace José Díaz-Herrera en Los Mitos del Nacionalismo Vasco (Planeta, 2005), en gran parte tomado de las memorias de Mario Onaindia (El aventurero cuerdo. Memorias. 1977-1981, Espasa Hoy, 2004). Onaindia fue, junto a Juan María Bandrés, el principal artífice del proceso de autodisolución de la rama político-militar de ETA. 

 

La famosa frase de Arzalluz, de la que se han transcrito diferentes versiones -"No conozco de ningún pueblo que haya alcanzado su liberación sin que unos arreen y otros discutan. Unos sacuden el árbol, pero sin romperlo, para que caigan las nueces, y otros las recogen para repartirlas" o "Otros mueven el árbol y nosotros cogemos las nueces"- fue supuestamente dicha en una reunión secreta de dirigentes del Partido Nacionalista Vasco con José Luis Elkoro, Rafael Díez Usabiaga y Martín Garitano, pertenecientes al complejo ETA-Batasuna, en marzo de 1991. Esas conversaciones, de las que levantaría acta Martín Garitano, fueron posteriormente requisadas a Díez Usabiaga en un registro judicial, y filtradas a las periodistas Isabel San Sebastián y Carmen Gurruchaga, dando título al libro El árbol y las nueces. La relación secreta entre ETA y PNV (Temas de Hoy, 2000).

Si nos atenemos a lo que cuenta Mario Onaindia en sus memorias, el secuestro y asesinato de Martín Barrios sería un ejemplo acabado de cómo la actuación del PNV -para algunos nacionalistas moderados, para otros, nacionalistas a secas-, se ha ajustado a ese guión del árbol y las nueces, aunque en realidad el papel del PNV en el terrorismo de ETA ha sido mucho más activo de lo que se puede deducir de esa frase.

Para entender lo ocurrido en este sádico crimen hay que tener en cuenta que ETA político-militar tuvo unas características muy diferentes a ETA militar. En ésta siempre hubo una total, absoluta e incontestada supremacía de los dirigentes de la banda criminal, que no dejaba a los miembros del brazo político, Herri Batasuna, más que la opción de la fidelidad y sumisión perruna a sus dictados. Por el contrario, entre ETA-pm y Euskadiko Ezkerra nunca se produjo esta situación de jerarquía. Banda terrorista y brazo político mantuvieron una amplia autonomía, donde, en todo caso, los dirigentes de la coalición ejercían una notable influencia sobre los que "empuñaban las pistolas".

Lo cierto es que, una vez que se aprobó el Estatuto de Guernica, importantes dirigentes de EE como Juan María Bandrés, Mario Onaindia o Teo Uriarte, empezaron a mostrar públicamente su malestar por el mantenimiento de la "lucha armada". El momento clave se producirá con el golpe de estado del 23 de febrero de 1981 cuando a estos políticos se les abren los ojos sobre el abismo al que la violencia terrorista había llevado a España en general, y al País Vasco en particular. A partir de este momento, desde EE se redoblarán los esfuerzos para acabar con esta locura y así, rápidamente, el 28 de febrero obtienen los primeros resultados cuando ETA-pm, en una rueda de prensa clandestina, anunció una tregua unilateral e indefinida.

Sin embargo, pronto surgió un nuevo e inesperado obstáculo, o quizás no tan inesperado para aquellos que conociesen bien cómo actuaban los nacionalistas "moderados". Dirigentes del PNV trasladaron a dirigentes de EE su malestar por esta tregua. Mario Onaindia fue abordado por el consejero de Cultura, Ramón Labayen, y el de Educación, Pedro María Echenique, que le manifestaron que era "la peor época para hacer una tregua".

Cuando Onaindia acudió al sur de Francia a entrevistarse con el máximo líder del "aparato militar" de ETA-pm, Jesús Abrisqueta Corta, se llevó la sorpresa de que se le había adelantado una comisión del PNV integrada por Xabier Arzalluz, Andoni Monforte, Koldo Amezketa, Anton Jaime y Gorka Aguirre que se entrevistaron con los dirigentes de la banda Juan Miguel Goiburu Mendizábal, Fernando López Castillo, Jesús Abrisqueta Corta y Pedro Astorquiza.    

Así el entonces máximo líder de los terroristas, Abrisqueta Corta, hacía suyas las reflexiones de los dirigentes nacionalistas:

- Arzalluz y Monforte nos han dicho que es el peor momento para decretar la tregua.
- ¿Por qué? - pregunta Onaindia
- Eso debilitaría las posiciones del PNV en las transferencias de competencias (José Díaz Herrera,
Los Mitos del Nacionalismo Vasco, Planeta, 2005, págs. 700-701). 

Lo cierto es que, a partir de este momento, ETA político militar entra en una aguda crisis entre los partidarios de volver al tiro en la nuca y las bombas y los que deseaban el final definitivo de la violencia. Y precisamente fue ese dirigente criminal que, según Onaindia, había hecho suyo el argumento del PNV, Jesús Abrisqueta Corta, quien dirigirá la rebelión contra los dirigentes políticos de EE. Abrisqueta tenía una notable influencia en la banda dado que era uno de los últimos integrantes de la ETA anterior a la irrupción de los miembros de EGI-Batasuna que seguía practicando la violencia terrorista y había sido condenado en el Consejo de Burgos.

En este contexto de un PNV al que le viene mal la tregua de ETA-pm, el 25 de febrero de 1982 se ponía en marcha el mortal engranaje que terminaría con la muerte de Alberto Martín Barrios. En rueda de prensa clandestina, miembros de ETA-pm profusamente armados anuncian el regreso a la violencia calificándose a partir de ahora como VIII-Asamblea, mientras el sector que mantuvo la tregua se denominó la VII-Asamblea.

Inmediatamente lanzaron una fuerte ofensiva terrorista, con secuestros, robos, colocación de bombas... pero una eficaz reacción policial hizo que uno tras otro fueran cayendo los octavos. Muy pronto se iniciaron las desavenencias entre un amplio sector que pedía aceptar como eje de sus demandas la alternativa KAS, detrás de la cual estaban los que serían conocidos como los milikis, y un sector más minoritario que seguía encabezando Abrisqueta, que no quería ningún acercamiento a ETA-militar, ni tan siquiera a nivel programático.

En ese contexto de grave crisis interna es cuando los miembros de la VIII-Asamblea llevan a cabo el secuestro de Martín Barrios, como un intento desesperado por recobrar una influencia y un prestigio que ya habían perdido en el entorno ultranacionalista. El cruel desenlace del mismo, en el cual los dirigentes de Herri Batasuna cínica e hipócritamente hicieron todo lo posible para destacar la orfandad de apoyo político de los asesinos, significó a la postre el final de la VIII Asamblea. El 10 de enero de 1984, su principal líder, Abrisqueta, y por tanto el máximo sospechoso de haber dado la orden del asesinato del capitán de Farmacia, era detenido en el sur de Francia y expulsado a América, residiendo actualmente en Cuba, donde inició una exitosa carrera como empresario.

Si damos por cierto el escalofriante relato de Mario Onaindia -protagonista central de la autodisolución de ETA pm-, del que se hace eco José Díaz Herrera, es lícito hacerse las siguientes preguntas: si no hubiese intervenido el PNV señalando lo mal que les venía la tregua de ETA-pm ¿habría sido secuestrado y salvajemente asesinado Alberto? ¿Fue Alberto víctima de la "guerra sucia" del partido de Arzalluz? ¿Qué relaciones secretas ha mantenido el PNV con ETA? ¿ETA mueve el árbol y el PNV recoge las nueces o es el PNV el que ha movido directamente el árbol y todos han recogido las nueces?

 

El papel del PNV no sólo en el nacimiento de ETA en las navidades de 1958 como grupo de jóvenes escindidos del propio PNV, sino en el mantenimiento de la banda y en su supervivencia durante tantas décadas, ha sido mucho más activo de lo que la frase del árbol y las nueces nos pudiera hacer pensar.

 

Lo cierto es que el asesinato de Martín Barrios supuso, por un lado, el final de ETA político-militar y, por otro, el recrudecimiento de las acciones de los GAL, con el secuestro en Hendaya, el 4 de diciembre, del empresario Segundo Marey, liberado diez días más tarde, inicio de una escalada de asesinatos de etarras en el sur de Francia.

El trágico epílogo del secuestro del capitán de Farmacia sería, pues, el pretexto para continuar con la guerra sucia.

En mayo de 2006 fueron extraditados por México seis miembros de ETA, entre ellos Ernesto Alberdi Elejalde, alias Raka de Eibar, que participó en el secuestro y asesinato del capitán de Farmacia Alberto Martín Barrios y en el secuestro del médico Manuel Allende Porrua en Bilbao.

 

En julio de 2009, Alberdi Elejalde y los otros cinco etarras extraditados (Félix Salustiano García Rivera, Juan Carlos Artola Díaz, María Asunción Gorrochategui Vázquez, José María Urquijo Borde y Asier Arronategui Durald) fueron juzgados por conformar un grupo estable de ETA en México, por lo que la Fiscalía pedía 6 años de cárcel para cada uno de ellos.

 

Los acusados mostraron su conformidad con la pena, pactada por la fiscalía y los abogados de los etarras, y "solicitaron la puesta en libertad de tres de los acusados que ya habían cumplido esos seis años de cárcel en prisión provisional, entre ellos Ernesto Alberdi Elejalde".

 

Era un incansable seguidor del Athletic, no se perdía un partido.

 

Era el farmacéutico que atendía a los jugadores.

 

Conocía a Txetxu Rojo y a otros muchos jugadores de la época.

 

Se sentía tan contento en su tierra, con su farmacia, la familia...

 

¿Cómo iba a pensar él que un etarra podría matarle?" (Iñaki Arteta y Alfonso Galletero, Olvidados, Adhara, 2006).

 

Miles de personas salieron a la calle en ciudades de toda España para manifestar su dolor y su repulsa por el sádico y cruel asesinato de Alberto.

Categoría: NO DEBEMOS OLVIDAR

ASESINADOS  POR ETA

 

Hacia las 20:00 del

18 de octubre de 1975

51º ANIVERSARIO

 

ETA asesinaba en Zarauz-guipúzcoa-país vasco-españa,

Al  guardia civil 

MANUEL LÓPEZ TREVIÑO

 

 

Que  acababa de abandonar, vestido de paisano, el cuartel de la Benemérita en la localidad guipuzcoana para dirigirse a su domicilio.

Varios miembros de la banda (dos o tres) le esperaban en la avenida de San Ignacio y le siguieron durante unos metros.

Cuando estaban a la altura del chalé Villa Reineta, le dispararon por la espalda una ráfaga de metralleta.

Alcanzado por tres balas en la cabeza, Manuel López Treviño falleció en el acto, mientras los pistoleros de la banda emprendían la huida en un vehículo.

Mientras algunos vecinos se dirigían al cuartel para dar aviso de lo que había sucedido, otros corrieron a la Casa de Misericordia a escasos metros del lugar del atentado para buscar a un médico.

Una monja del asilo-hospital comprobó que el guardia civil no tenía pulso.

El médico que llegó poco después certificó la muerte del agente López Treviño.

Minutos después un joven y su novia paseaban por la avenida de San Ignacio.

Se acercaron al corro de personas que se había formado alrededor del cadáver del guardia civil y el joven comprobó horrorizado que la persona que yacía en el suelo era su propio padre.

En esa operación se detuvo a varios miembros legales de la banda terrorista en Zarauz, como Ignacio Arambarri, de profesión cristalero.

 

Esos grupos pasaban información a ETA sobre miembros de las Fuerzas de Seguridad y sobre presuntos chivatos que se convertían así en objetivo de la banda asesina.

 

Uno de los autores materiales del asesinato de López Treviño fue Ignacio Gabirondo Agote, alias Donibane, que falleció el 13 de julio de 1980 en el intercambio de disparos que se produjo después de que los etarras tendieran una emboscada contra un convoy de la Guardia Civil que acabó con la vida de Antonio Gómez Ramos y Aurelio Navío Navío.

 

Otro participante en el asesinato fue José Agustín Achega Aguirre, alias Fiti.

 

Para cuando fue detenido en 1983 varios de los delitos cometidos, entre ellos el asesinato de López Treviño, habían sido amnistiados.

 

 

La noche del

 

18 de octubre de 1983

 

43º ANIVERSARIO

 

 

 

ETA, autodenominados ETA-pm VIII Asamblea, conocidos como los octavos,

 

Acababa  con la vida del capitán de Farmacia 

 

ALBERTO MARTÍN BARRIOS

 

 

 

Terminaba así un sádico secuestro que se inició trece días antes, el 5 de octubre, cuando Martín Barrios salió de su domicilio poco antes de las ocho de la mañana para dirigirse a su puesto de trabajo en el Gobierno Militar de Bilbao-PAÍS VASCO-ESPAÑA, trabajo al que nunca llegó.

 

Era habitual que hacia las 10:00 de la mañana Alberto llamase a su mujer, María Ángeles, pero esa mañana no lo hizo.

 

Extrañada, fue ella la que llamó a las 11:00 y le comunicaron que su marido no había llegado aún al Gobierno Militar.

 

A partir de ahí, saltaron todas las alarmas y se inició un calvario terrible para la familia, pues la banda asesina no exigía una contrapartida económica, sino la suspensión de un juicio contra miembros de la banda detenidos por el asalto, dos años antes, del cuartel del Ejército de la localidad catalana de Berga, Cuartel de Cazadores de Montaña.

 

En el lapso de tiempo que transcurrió entre el secuestro y el asesinato, los terroristas mantuvieron un pulso con los medios de comunicación, a los que exigían la lectura íntegra de sus comunicados, llenos de farfolla política, mientras en paralelo la familia del militar pedía angustiada, a través de esos mismos medios, que liberasen a Martín Barrios.

Por otra parte, el secuestro de Martín Barrios coincide en el tiempo con algunas de las acciones de la "guerra sucia" contra ETA. Aunque entonces no se conocían sus siglas, fue entonces cuando nacieron los autodenominados GAL.

 

El 15 de octubre, diez días después del secuestro de Martín Barrios, desaparecen en Bayona José Antonio Lasa y José Ignacio Zabala.

 

Para la izquierda proetarra el mensaje era claro: Madrid había decidido jugar la baza de la guerra sucia haciendo del secuestro de Martín Barrios una cuestión de Estado.

 

El 18 de octubre cuatro GEOS intentan secuestrar en Hendaya al octavo José María Larretxea Goñi.

 

Los policías españoles se abalanzan sobre la moto en que circula y, a consecuencia de la embestida, el terrorista resulta herido.

 

La operación fracasa con la detención de los policías españoles por parte de la Policía francesa.

 

La cúpula policial decidió el secuestro del etarra con la intención de "canjearlo por el capitán de farmacia Alberto Martín Barrios.

 

Que me cojan a mí, pero que lo suelten. Por favor se lo pido, no puedo más") hicieron recapacitar a la banda asesina.

El cuerpo sin vida del capitán de Farmacia, amordazado y con un tiro en la sien derecha, apareció en una caseta situada cerca del cruce de El Gallo, en Galdácano, próximo al parque de atracciones de Bilbao, tal y como había alertado un comunicante anónimo a la sede de la Cruz Roja en la capital vizcaína tres cuartos de hora antes.

En un primer rastreo la Policía no consiguió encontrar el cadáver de Martín Barrios. En una segunda batida, ya en la mañana del 19 de octubre, se descubrió el cuerpo apoyado en un pequeño muro que rodea la caseta de El Gallo. "Estaba amordazado, y aunque apenas se le veía la cara, aparecía amoratado", declaró uno de los voluntarios de la Cruz Roja que participó en la búsqueda del militar.

Trasladado en una ambulancia militar al Hospital Civil de Basurto, el dictamen forense indicó que el capitán secuestrado murió entre las siete y las ocho de la tarde del día anterior, 18 de octubre.

El último mensaje público que envió su mujer ponía de manifiesto que la familia esperaba un feliz desenlace del secuestro.

Decía María Ángeles: "Alberto, no te preocupes por ninguno de nosotros. Tanto tus padres como tus hijos y yo estamos perfectamente con la esperanza de que todo se resuelva favorablemente".

El portavoz de la familia, Daniel Rodríguez, primo de Alberto, declaró que no se esperaban el asesinato: "No lo comprendemos (...) hasta el último momento hemos mantenido la esperanza de que fuese liberado con vida". Interpelado acerca de la actitud de la familia respecto a los secuestradores dijo: "Como católicos, les perdonamos, y lo único que deseamos es que pueda resolverse esta situación".

En relación con la postura de TVE, que condicionó la difusión del comunicado exigido por ETA a la liberación del capitán secuestrado, Daniel Rodríguez dijo: "No quiero echar más leña al fuego, pero cabe la duda de que si se hubiese emitido, se habría producido el mismo resultado".

Y por si no quedaba clara la postura de la familia, en rueda de prensa esa misma tarde, dijo: "En cualquier caso, no hay más que un asesino: ETA-pm".

Aparte de la publicidad que lograron los octavos, grupúsculo de ETA que pocos meses después quedaría completamente desarticulado, el secuestro de Martín Barrios demuestra hasta qué punto la actuación del llamado nacionalismo moderado ha seguido fielmente la máxima del árbol y las nueces del que hablara Xabier Arzalluz, a tenor del relato del contexto en el que se produjo el secuestro y asesinato de Martín Barrios que hace José Díaz-Herrera en Los Mitos del Nacionalismo Vasco (Planeta, 2005), en gran parte tomado de las memorias de Mario Onaindia (El aventurero cuerdo. Memorias. 1977-1981, Espasa Hoy, 2004). Onaindia fue, junto a Juan María Bandrés, el principal artífice del proceso de autodisolución de la rama político-militar de ETA. 

 

La famosa frase de Arzalluz, de la que se han transcrito diferentes versiones -"No conozco de ningún pueblo que haya alcanzado su liberación sin que unos arreen y otros discutan. Unos sacuden el árbol, pero sin romperlo, para que caigan las nueces, y otros las recogen para repartirlas" o "Otros mueven el árbol y nosotros cogemos las nueces"- fue supuestamente dicha en una reunión secreta de dirigentes del Partido Nacionalista Vasco con José Luis Elkoro, Rafael Díez Usabiaga y Martín Garitano, pertenecientes al complejo ETA-Batasuna, en marzo de 1991. Esas conversaciones, de las que levantaría acta Martín Garitano, fueron posteriormente requisadas a Díez Usabiaga en un registro judicial, y filtradas a las periodistas Isabel San Sebastián y Carmen Gurruchaga, dando título al libro El árbol y las nueces. La relación secreta entre ETA y PNV (Temas de Hoy, 2000).

Si nos atenemos a lo que cuenta Mario Onaindia en sus memorias, el secuestro y asesinato de Martín Barrios sería un ejemplo acabado de cómo la actuación del PNV -para algunos nacionalistas moderados, para otros, nacionalistas a secas-, se ha ajustado a ese guión del árbol y las nueces, aunque en realidad el papel del PNV en el terrorismo de ETA ha sido mucho más activo de lo que se puede deducir de esa frase.

Para entender lo ocurrido en este sádico crimen hay que tener en cuenta que ETA político-militar tuvo unas características muy diferentes a ETA militar. En ésta siempre hubo una total, absoluta e incontestada supremacía de los dirigentes de la banda criminal, que no dejaba a los miembros del brazo político, Herri Batasuna, más que la opción de la fidelidad y sumisión perruna a sus dictados. Por el contrario, entre ETA-pm y Euskadiko Ezkerra nunca se produjo esta situación de jerarquía. Banda terrorista y brazo político mantuvieron una amplia autonomía, donde, en todo caso, los dirigentes de la coalición ejercían una notable influencia sobre los que "empuñaban las pistolas".

Lo cierto es que, una vez que se aprobó el Estatuto de Guernica, importantes dirigentes de EE como Juan María Bandrés, Mario Onaindia o Teo Uriarte, empezaron a mostrar públicamente su malestar por el mantenimiento de la "lucha armada". El momento clave se producirá con el golpe de estado del 23 de febrero de 1981 cuando a estos políticos se les abren los ojos sobre el abismo al que la violencia terrorista había llevado a España en general, y al País Vasco en particular. A partir de este momento, desde EE se redoblarán los esfuerzos para acabar con esta locura y así, rápidamente, el 28 de febrero obtienen los primeros resultados cuando ETA-pm, en una rueda de prensa clandestina, anunció una tregua unilateral e indefinida.

Sin embargo, pronto surgió un nuevo e inesperado obstáculo, o quizás no tan inesperado para aquellos que conociesen bien cómo actuaban los nacionalistas "moderados". Dirigentes del PNV trasladaron a dirigentes de EE su malestar por esta tregua. Mario Onaindia fue abordado por el consejero de Cultura, Ramón Labayen, y el de Educación, Pedro María Echenique, que le manifestaron que era "la peor época para hacer una tregua".

Cuando Onaindia acudió al sur de Francia a entrevistarse con el máximo líder del "aparato militar" de ETA-pm, Jesús Abrisqueta Corta, se llevó la sorpresa de que se le había adelantado una comisión del PNV integrada por Xabier Arzalluz, Andoni Monforte, Koldo Amezketa, Anton Jaime y Gorka Aguirre que se entrevistaron con los dirigentes de la banda Juan Miguel Goiburu Mendizábal, Fernando López Castillo, Jesús Abrisqueta Corta y Pedro Astorquiza.    

Así el entonces máximo líder de los terroristas, Abrisqueta Corta, hacía suyas las reflexiones de los dirigentes nacionalistas:

- Arzalluz y Monforte nos han dicho que es el peor momento para decretar la tregua.
- ¿Por qué? - pregunta Onaindia
- Eso debilitaría las posiciones del PNV en las transferencias de competencias (José Díaz Herrera,
Los Mitos del Nacionalismo Vasco, Planeta, 2005, págs. 700-701). 

Lo cierto es que, a partir de este momento, ETA político militar entra en una aguda crisis entre los partidarios de volver al tiro en la nuca y las bombas y los que deseaban el final definitivo de la violencia. Y precisamente fue ese dirigente criminal que, según Onaindia, había hecho suyo el argumento del PNV, Jesús Abrisqueta Corta, quien dirigirá la rebelión contra los dirigentes políticos de EE. Abrisqueta tenía una notable influencia en la banda dado que era uno de los últimos integrantes de la ETA anterior a la irrupción de los miembros de EGI-Batasuna que seguía practicando la violencia terrorista y había sido condenado en el Consejo de Burgos.

En este contexto de un PNV al que le viene mal la tregua de ETA-pm, el 25 de febrero de 1982 se ponía en marcha el mortal engranaje que terminaría con la muerte de Alberto Martín Barrios. En rueda de prensa clandestina, miembros de ETA-pm profusamente armados anuncian el regreso a la violencia calificándose a partir de ahora como VIII-Asamblea, mientras el sector que mantuvo la tregua se denominó la VII-Asamblea.

Inmediatamente lanzaron una fuerte ofensiva terrorista, con secuestros, robos, colocación de bombas... pero una eficaz reacción policial hizo que uno tras otro fueran cayendo los octavos. Muy pronto se iniciaron las desavenencias entre un amplio sector que pedía aceptar como eje de sus demandas la alternativa KAS, detrás de la cual estaban los que serían conocidos como los milikis, y un sector más minoritario que seguía encabezando Abrisqueta, que no quería ningún acercamiento a ETA-militar, ni tan siquiera a nivel programático.

En ese contexto de grave crisis interna es cuando los miembros de la VIII-Asamblea llevan a cabo el secuestro de Martín Barrios, como un intento desesperado por recobrar una influencia y un prestigio que ya habían perdido en el entorno ultranacionalista. El cruel desenlace del mismo, en el cual los dirigentes de Herri Batasuna cínica e hipócritamente hicieron todo lo posible para destacar la orfandad de apoyo político de los asesinos, significó a la postre el final de la VIII Asamblea. El 10 de enero de 1984, su principal líder, Abrisqueta, y por tanto el máximo sospechoso de haber dado la orden del asesinato del capitán de Farmacia, era detenido en el sur de Francia y expulsado a América, residiendo actualmente en Cuba, donde inició una exitosa carrera como empresario.

Si damos por cierto el escalofriante relato de Mario Onaindia -protagonista central de la autodisolución de ETA pm-, del que se hace eco José Díaz Herrera, es lícito hacerse las siguientes preguntas: si no hubiese intervenido el PNV señalando lo mal que les venía la tregua de ETA-pm ¿habría sido secuestrado y salvajemente asesinado Alberto? ¿Fue Alberto víctima de la "guerra sucia" del partido de Arzalluz? ¿Qué relaciones secretas ha mantenido el PNV con ETA? ¿ETA mueve el árbol y el PNV recoge las nueces o es el PNV el que ha movido directamente el árbol y todos han recogido las nueces?

 

El papel del PNV no sólo en el nacimiento de ETA en las navidades de 1958 como grupo de jóvenes escindidos del propio PNV, sino en el mantenimiento de la banda y en su supervivencia durante tantas décadas, ha sido mucho más activo de lo que la frase del árbol y las nueces nos pudiera hacer pensar.

 

Lo cierto es que el asesinato de Martín Barrios supuso, por un lado, el final de ETA político-militar y, por otro, el recrudecimiento de las acciones de los GAL, con el secuestro en Hendaya, el 4 de diciembre, del empresario Segundo Marey, liberado diez días más tarde, inicio de una escalada de asesinatos de etarras en el sur de Francia.

El trágico epílogo del secuestro del capitán de Farmacia sería, pues, el pretexto para continuar con la guerra sucia.

En mayo de 2006 fueron extraditados por México seis miembros de ETA, entre ellos Ernesto Alberdi Elejalde, alias Raka de Eibar, que participó en el secuestro y asesinato del capitán de Farmacia Alberto Martín Barrios y en el secuestro del médico Manuel Allende Porrua en Bilbao.

 

En julio de 2009, Alberdi Elejalde y los otros cinco etarras extraditados (Félix Salustiano García Rivera, Juan Carlos Artola Díaz, María Asunción Gorrochategui Vázquez, José María Urquijo Borde y Asier Arronategui Durald) fueron juzgados por conformar un grupo estable de ETA en México, por lo que la Fiscalía pedía 6 años de cárcel para cada uno de ellos.

 

Los acusados mostraron su conformidad con la pena, pactada por la fiscalía y los abogados de los etarras, y "solicitaron la puesta en libertad de tres de los acusados que ya habían cumplido esos seis años de cárcel en prisión provisional, entre ellos Ernesto Alberdi Elejalde".

 

Era un incansable seguidor del Athletic, no se perdía un partido.

 

Era el farmacéutico que atendía a los jugadores.

 

Conocía a Txetxu Rojo y a otros muchos jugadores de la época.

 

Se sentía tan contento en su tierra, con su farmacia, la familia...

 

¿Cómo iba a pensar él que un etarra podría matarle?" (Iñaki Arteta y Alfonso Galletero, Olvidados, Adhara, 2006).

 

Miles de personas salieron a la calle en ciudades de toda España para manifestar su dolor y su repulsa por el sádico y cruel asesinato de Alberto.




 

Categoría: NO DEBEMOS OLVIDAR

ASESINADOS  POR ETA

 

Hacia las 20:00 del

18 de octubre de 1975

51º ANIVERSARIO

 

ETA asesinaba en Zarauz-guipúzcoa-país vasco-españa,

Al  guardia civil 

MANUEL LÓPEZ TREVIÑO

 

 

Que  acababa de abandonar, vestido de paisano, el cuartel de la Benemérita en la localidad guipuzcoana para dirigirse a su domicilio.

Varios miembros de la banda (dos o tres) le esperaban en la avenida de San Ignacio y le siguieron durante unos metros.

Cuando estaban a la altura del chalé Villa Reineta, le dispararon por la espalda una ráfaga de metralleta.

Alcanzado por tres balas en la cabeza, Manuel López Treviño falleció en el acto, mientras los pistoleros de la banda emprendían la huida en un vehículo.

Mientras algunos vecinos se dirigían al cuartel para dar aviso de lo que había sucedido, otros corrieron a la Casa de Misericordia a escasos metros del lugar del atentado para buscar a un médico.

Una monja del asilo-hospital comprobó que el guardia civil no tenía pulso.

El médico que llegó poco después certificó la muerte del agente López Treviño.

Minutos después un joven y su novia paseaban por la avenida de San Ignacio.

Se acercaron al corro de personas que se había formado alrededor del cadáver del guardia civil y el joven comprobó horrorizado que la persona que yacía en el suelo era su propio padre.

En esa operación se detuvo a varios miembros legales de la banda terrorista en Zarauz, como Ignacio Arambarri, de profesión cristalero.

 

Esos grupos pasaban información a ETA sobre miembros de las Fuerzas de Seguridad y sobre presuntos chivatos que se convertían así en objetivo de la banda asesina.

 

Uno de los autores materiales del asesinato de López Treviño fue Ignacio Gabirondo Agote, alias Donibane, que falleció el 13 de julio de 1980 en el intercambio de disparos que se produjo después de que los etarras tendieran una emboscada contra un convoy de la Guardia Civil que acabó con la vida de Antonio Gómez Ramos y Aurelio Navío Navío.

 

Otro participante en el asesinato fue José Agustín Achega Aguirre, alias Fiti.

 

Para cuando fue detenido en 1983 varios de los delitos cometidos, entre ellos el asesinato de López Treviño, habían sido amnistiados.

 

 

La noche del

 

18 de octubre de 1983

 

43º ANIVERSARIO

 

 

 

ETA, autodenominados ETA-pm VIII Asamblea, conocidos como los octavos,

 

Acababa  con la vida del capitán de Farmacia 

 

ALBERTO MARTÍN BARRIOS

 

 

 

Terminaba así un sádico secuestro que se inició trece días antes, el 5 de octubre, cuando Martín Barrios salió de su domicilio poco antes de las ocho de la mañana para dirigirse a su puesto de trabajo en el Gobierno Militar de Bilbao-PAÍS VASCO-ESPAÑA, trabajo al que nunca llegó.

 

Era habitual que hacia las 10:00 de la mañana Alberto llamase a su mujer, María Ángeles, pero esa mañana no lo hizo.

 

Extrañada, fue ella la que llamó a las 11:00 y le comunicaron que su marido no había llegado aún al Gobierno Militar.

 

A partir de ahí, saltaron todas las alarmas y se inició un calvario terrible para la familia, pues la banda asesina no exigía una contrapartida económica, sino la suspensión de un juicio contra miembros de la banda detenidos por el asalto, dos años antes, del cuartel del Ejército de la localidad catalana de Berga, Cuartel de Cazadores de Montaña.

 

En el lapso de tiempo que transcurrió entre el secuestro y el asesinato, los terroristas mantuvieron un pulso con los medios de comunicación, a los que exigían la lectura íntegra de sus comunicados, llenos de farfolla política, mientras en paralelo la familia del militar pedía angustiada, a través de esos mismos medios, que liberasen a Martín Barrios.

Por otra parte, el secuestro de Martín Barrios coincide en el tiempo con algunas de las acciones de la "guerra sucia" contra ETA. Aunque entonces no se conocían sus siglas, fue entonces cuando nacieron los autodenominados GAL.

 

El 15 de octubre, diez días después del secuestro de Martín Barrios, desaparecen en Bayona José Antonio Lasa y José Ignacio Zabala.

 

Para la izquierda proetarra el mensaje era claro: Madrid había decidido jugar la baza de la guerra sucia haciendo del secuestro de Martín Barrios una cuestión de Estado.

 

El 18 de octubre cuatro GEOS intentan secuestrar en Hendaya al octavo José María Larretxea Goñi.

 

Los policías españoles se abalanzan sobre la moto en que circula y, a consecuencia de la embestida, el terrorista resulta herido.

 

La operación fracasa con la detención de los policías españoles por parte de la Policía francesa.

 

La cúpula policial decidió el secuestro del etarra con la intención de "canjearlo por el capitán de farmacia Alberto Martín Barrios.

 

Que me cojan a mí, pero que lo suelten. Por favor se lo pido, no puedo más") hicieron recapacitar a la banda asesina.

El cuerpo sin vida del capitán de Farmacia, amordazado y con un tiro en la sien derecha, apareció en una caseta situada cerca del cruce de El Gallo, en Galdácano, próximo al parque de atracciones de Bilbao, tal y como había alertado un comunicante anónimo a la sede de la Cruz Roja en la capital vizcaína tres cuartos de hora antes.

En un primer rastreo la Policía no consiguió encontrar el cadáver de Martín Barrios. En una segunda batida, ya en la mañana del 19 de octubre, se descubrió el cuerpo apoyado en un pequeño muro que rodea la caseta de El Gallo. "Estaba amordazado, y aunque apenas se le veía la cara, aparecía amoratado", declaró uno de los voluntarios de la Cruz Roja que participó en la búsqueda del militar.

Trasladado en una ambulancia militar al Hospital Civil de Basurto, el dictamen forense indicó que el capitán secuestrado murió entre las siete y las ocho de la tarde del día anterior, 18 de octubre.

El último mensaje público que envió su mujer ponía de manifiesto que la familia esperaba un feliz desenlace del secuestro.

Decía María Ángeles: "Alberto, no te preocupes por ninguno de nosotros. Tanto tus padres como tus hijos y yo estamos perfectamente con la esperanza de que todo se resuelva favorablemente".

El portavoz de la familia, Daniel Rodríguez, primo de Alberto, declaró que no se esperaban el asesinato: "No lo comprendemos (...) hasta el último momento hemos mantenido la esperanza de que fuese liberado con vida". Interpelado acerca de la actitud de la familia respecto a los secuestradores dijo: "Como católicos, les perdonamos, y lo único que deseamos es que pueda resolverse esta situación".

En relación con la postura de TVE, que condicionó la difusión del comunicado exigido por ETA a la liberación del capitán secuestrado, Daniel Rodríguez dijo: "No quiero echar más leña al fuego, pero cabe la duda de que si se hubiese emitido, se habría producido el mismo resultado".

Y por si no quedaba clara la postura de la familia, en rueda de prensa esa misma tarde, dijo: "En cualquier caso, no hay más que un asesino: ETA-pm".

Aparte de la publicidad que lograron los octavos, grupúsculo de ETA que pocos meses después quedaría completamente desarticulado, el secuestro de Martín Barrios demuestra hasta qué punto la actuación del llamado nacionalismo moderado ha seguido fielmente la máxima del árbol y las nueces del que hablara Xabier Arzalluz, a tenor del relato del contexto en el que se produjo el secuestro y asesinato de Martín Barrios que hace José Díaz-Herrera en Los Mitos del Nacionalismo Vasco (Planeta, 2005), en gran parte tomado de las memorias de Mario Onaindia (El aventurero cuerdo. Memorias. 1977-1981, Espasa Hoy, 2004). Onaindia fue, junto a Juan María Bandrés, el principal artífice del proceso de autodisolución de la rama político-militar de ETA. 

 

La famosa frase de Arzalluz, de la que se han transcrito diferentes versiones -"No conozco de ningún pueblo que haya alcanzado su liberación sin que unos arreen y otros discutan. Unos sacuden el árbol, pero sin romperlo, para que caigan las nueces, y otros las recogen para repartirlas" o "Otros mueven el árbol y nosotros cogemos las nueces"- fue supuestamente dicha en una reunión secreta de dirigentes del Partido Nacionalista Vasco con José Luis Elkoro, Rafael Díez Usabiaga y Martín Garitano, pertenecientes al complejo ETA-Batasuna, en marzo de 1991. Esas conversaciones, de las que levantaría acta Martín Garitano, fueron posteriormente requisadas a Díez Usabiaga en un registro judicial, y filtradas a las periodistas Isabel San Sebastián y Carmen Gurruchaga, dando título al libro El árbol y las nueces. La relación secreta entre ETA y PNV (Temas de Hoy, 2000).

Si nos atenemos a lo que cuenta Mario Onaindia en sus memorias, el secuestro y asesinato de Martín Barrios sería un ejemplo acabado de cómo la actuación del PNV -para algunos nacionalistas moderados, para otros, nacionalistas a secas-, se ha ajustado a ese guión del árbol y las nueces, aunque en realidad el papel del PNV en el terrorismo de ETA ha sido mucho más activo de lo que se puede deducir de esa frase.

Para entender lo ocurrido en este sádico crimen hay que tener en cuenta que ETA político-militar tuvo unas características muy diferentes a ETA militar. En ésta siempre hubo una total, absoluta e incontestada supremacía de los dirigentes de la banda criminal, que no dejaba a los miembros del brazo político, Herri Batasuna, más que la opción de la fidelidad y sumisión perruna a sus dictados. Por el contrario, entre ETA-pm y Euskadiko Ezkerra nunca se produjo esta situación de jerarquía. Banda terrorista y brazo político mantuvieron una amplia autonomía, donde, en todo caso, los dirigentes de la coalición ejercían una notable influencia sobre los que "empuñaban las pistolas".

Lo cierto es que, una vez que se aprobó el Estatuto de Guernica, importantes dirigentes de EE como Juan María Bandrés, Mario Onaindia o Teo Uriarte, empezaron a mostrar públicamente su malestar por el mantenimiento de la "lucha armada". El momento clave se producirá con el golpe de estado del 23 de febrero de 1981 cuando a estos políticos se les abren los ojos sobre el abismo al que la violencia terrorista había llevado a España en general, y al País Vasco en particular. A partir de este momento, desde EE se redoblarán los esfuerzos para acabar con esta locura y así, rápidamente, el 28 de febrero obtienen los primeros resultados cuando ETA-pm, en una rueda de prensa clandestina, anunció una tregua unilateral e indefinida.

Sin embargo, pronto surgió un nuevo e inesperado obstáculo, o quizás no tan inesperado para aquellos que conociesen bien cómo actuaban los nacionalistas "moderados". Dirigentes del PNV trasladaron a dirigentes de EE su malestar por esta tregua. Mario Onaindia fue abordado por el consejero de Cultura, Ramón Labayen, y el de Educación, Pedro María Echenique, que le manifestaron que era "la peor época para hacer una tregua".

Cuando Onaindia acudió al sur de Francia a entrevistarse con el máximo líder del "aparato militar" de ETA-pm, Jesús Abrisqueta Corta, se llevó la sorpresa de que se le había adelantado una comisión del PNV integrada por Xabier Arzalluz, Andoni Monforte, Koldo Amezketa, Anton Jaime y Gorka Aguirre que se entrevistaron con los dirigentes de la banda Juan Miguel Goiburu Mendizábal, Fernando López Castillo, Jesús Abrisqueta Corta y Pedro Astorquiza.    

Así el entonces máximo líder de los terroristas, Abrisqueta Corta, hacía suyas las reflexiones de los dirigentes nacionalistas:

- Arzalluz y Monforte nos han dicho que es el peor momento para decretar la tregua.
- ¿Por qué? - pregunta Onaindia
- Eso debilitaría las posiciones del PNV en las transferencias de competencias (José Díaz Herrera, 
Los Mitos del Nacionalismo Vasco, Planeta, 2005, págs. 700-701). 

Lo cierto es que, a partir de este momento, ETA político militar entra en una aguda crisis entre los partidarios de volver al tiro en la nuca y las bombas y los que deseaban el final definitivo de la violencia. Y precisamente fue ese dirigente criminal que, según Onaindia, había hecho suyo el argumento del PNV, Jesús Abrisqueta Corta, quien dirigirá la rebelión contra los dirigentes políticos de EE. Abrisqueta tenía una notable influencia en la banda dado que era uno de los últimos integrantes de la ETA anterior a la irrupción de los miembros de EGI-Batasuna que seguía practicando la violencia terrorista y había sido condenado en el Consejo de Burgos.

En este contexto de un PNV al que le viene mal la tregua de ETA-pm, el 25 de febrero de 1982 se ponía en marcha el mortal engranaje que terminaría con la muerte de Alberto Martín Barrios. En rueda de prensa clandestina, miembros de ETA-pm profusamente armados anuncian el regreso a la violencia calificándose a partir de ahora como VIII-Asamblea, mientras el sector que mantuvo la tregua se denominó la VII-Asamblea.

Inmediatamente lanzaron una fuerte ofensiva terrorista, con secuestros, robos, colocación de bombas... pero una eficaz reacción policial hizo que uno tras otro fueran cayendo los octavos. Muy pronto se iniciaron las desavenencias entre un amplio sector que pedía aceptar como eje de sus demandas la alternativa KAS, detrás de la cual estaban los que serían conocidos como los milikis, y un sector más minoritario que seguía encabezando Abrisqueta, que no quería ningún acercamiento a ETA-militar, ni tan siquiera a nivel programático.

En ese contexto de grave crisis interna es cuando los miembros de la VIII-Asamblea llevan a cabo el secuestro de Martín Barrios, como un intento desesperado por recobrar una influencia y un prestigio que ya habían perdido en el entorno ultranacionalista. El cruel desenlace del mismo, en el cual los dirigentes de Herri Batasuna cínica e hipócritamente hicieron todo lo posible para destacar la orfandad de apoyo político de los asesinos, significó a la postre el final de la VIII Asamblea. El 10 de enero de 1984, su principal líder, Abrisqueta, y por tanto el máximo sospechoso de haber dado la orden del asesinato del capitán de Farmacia, era detenido en el sur de Francia y expulsado a América, residiendo actualmente en Cuba, donde inició una exitosa carrera como empresario.

Si damos por cierto el escalofriante relato de Mario Onaindia -protagonista central de la autodisolución de ETA pm-, del que se hace eco José Díaz Herrera, es lícito hacerse las siguientes preguntas: si no hubiese intervenido el PNV señalando lo mal que les venía la tregua de ETA-pm ¿habría sido secuestrado y salvajemente asesinado Alberto? ¿Fue Alberto víctima de la "guerra sucia" del partido de Arzalluz? ¿Qué relaciones secretas ha mantenido el PNV con ETA? ¿ETA mueve el árbol y el PNV recoge las nueces o es el PNV el que ha movido directamente el árbol y todos han recogido las nueces?

 

El papel del PNV no sólo en el nacimiento de ETA en las navidades de 1958 como grupo de jóvenes escindidos del propio PNV, sino en el mantenimiento de la banda y en su supervivencia durante tantas décadas, ha sido mucho más activo de lo que la frase del árbol y las nueces nos pudiera hacer pensar.

 

Lo cierto es que el asesinato de Martín Barrios supuso, por un lado, el final de ETA político-militar y, por otro, el recrudecimiento de las acciones de los GAL, con el secuestro en Hendaya, el 4 de diciembre, del empresario Segundo Marey, liberado diez días más tarde, inicio de una escalada de asesinatos de etarras en el sur de Francia.

El trágico epílogo del secuestro del capitán de Farmacia sería, pues, el pretexto para continuar con la guerra sucia.

En mayo de 2006 fueron extraditados por México seis miembros de ETA, entre ellos Ernesto Alberdi Elejalde, alias Raka de Eibar, que participó en el secuestro y asesinato del capitán de Farmacia Alberto Martín Barrios y en el secuestro del médico Manuel Allende Porrua en Bilbao.

 

En julio de 2009, Alberdi Elejalde y los otros cinco etarras extraditados (Félix Salustiano García Rivera, Juan Carlos Artola Díaz, María Asunción Gorrochategui Vázquez, José María Urquijo Borde y Asier Arronategui Durald) fueron juzgados por conformar un grupo estable de ETA en México, por lo que la Fiscalía pedía 6 años de cárcel para cada uno de ellos.

 

Los acusados mostraron su conformidad con la pena, pactada por la fiscalía y los abogados de los etarras, y "solicitaron la puesta en libertad de tres de los acusados que ya habían cumplido esos seis años de cárcel en prisión provisional, entre ellos Ernesto Alberdi Elejalde".

 

Era un incansable seguidor del Athletic, no se perdía un partido.

 

Era el farmacéutico que atendía a los jugadores.

 

Conocía a Txetxu Rojo y a otros muchos jugadores de la época.

 

Se sentía tan contento en su tierra, con su farmacia, la familia...

 

¿Cómo iba a pensar él que un etarra podría matarle?" (Iñaki Arteta y Alfonso Galletero, Olvidados, Adhara, 2006).

 

Miles de personas salieron a la calle en ciudades de toda España para manifestar su dolor y su repulsa por el sádico y cruel asesinato de Alberto.