Categoría: NO OLVIDEMOS
ASESINADOS POR ETA
Eran las 14:00 del
14 febrero 1979
47º aniversario
Es asesinado en
Vitoria-país vasco-españa, el
Teniente coronel del Ejército de Tierra de España
SERGIO BORRAJO
PALACÍN
Sergio entraba
en el portal del edificio donde residía, en la calle Los Herrán.
En ese momento,
un pistolero de ETA le disparó a bocajarro por la espalda.
Poco después,
entró en el mismo la víctima, tras despedirse de un compañero militar que lo
había acompañado.
Una vez que
estuvo dentro, el pistolero le disparó un solo tiro en la nuca.
El teniente
coronel murió en el acto y quedó tendido sobre una escalinata que hay a la
entrada del portal.
La calle Los
Herrán tiene habitualmente un tráfico intenso, que se incrementa a la hora en
que ocurrió el atentado, lo que facilitó la huida del agresor que escapó
corriendo a pie y posteriormente en un coche que le esperaba en la calle
Esperanza.
La esposa del
fallecido no se enteró de lo ocurrido hasta que la víctima fue trasladada al
depósito de cadáveres, ya que el ruido del disparo y de los cristales sólo fue
oído por los vecinos de las primeras plantas que, cuando bajaron al portal, se
encontraron al teniente coronel tendido en las escalinatas.
Unos vecinos
llamaron a la Policía, y un coche patrulla recogió al militar y lo trasladó
urgentemente al Hospital de Santiago, donde ingresó cadáver.
Como jefe
provincial de los Mutilados de Guerra de Alava, Sergio Borrajo trabajaba en el
Gobierno Militar, situado en la misma calle Los Herrán, a unos cuatrocientos
metros de su domicilio.
Todos los días
hacía ese recorrido entre el trabajo y su domicilio, en el que empleaba unos
cinco minutos.
A día de hoy sigue sin saberse quién asesinó a
Sergio Borrajo.
14 de febrero de 1996
30º aniversario
El etarra Jon Bienzobas Arretxe,
alias Karaka, salió de uno de los despachos de la Universidad Autónoma
gritando "¡si me miráis, os mato!" a la decena de
estudiantes que deambulaba por los pasillos.
Sobre las diez y media de la mañana habían escuchado "tres
detonaciones secas".
Bienzobas acababa de asesinar al
jurista, historiador y escritor, presidente del Tribunal
Constitucional (1986-1992)
FRANCISCO TOMÁS Y VALIENTE
En su despacho mientras hablaba por teléfono con
el profesor Elías Díaz.
Éste pudo escuchar en directo, desde el otro lado de la línea telefónica,
los disparos que acabaron con la vida de Francisco.
Esa advertencia a los estudiantes no le valdría de nada, pues hasta
veinte testigos reconocieron al pistolero de ETA y cinco estudiantes
testificarían en el juicio en 2007.
Jon Bienzobas
Arretxe, de 25 años, se había introducido como un alumno más en el departamento
universitario.
Tras esperar unos
minutos en el pasillo, irrumpió en el despacho del profesor, donde lo
sorprendió sentado detrás de una mesa y hablando por teléfono.
El etarra disparó
tres veces a bocajarro contra el jurista y luego, pistola en mano, huyó hasta
alcanzar un coche que le aguardaba en el exterior con otros dos etarras en su
interior. Antes, encañonó a varios estudiantes y profesores, y corrió
perseguido por algunos de ellos hasta que alcanzó el ascensor.
El vehículo
utilizado en la huida, un Ford Orion rojo, estallaría hora y media después en
el norte de Madrid, sin causar víctimas mortales.
El modo de operar
de los terroristas demostró que conocían a la perfección los pasos de Tomás y
Valiente.
En esos momentos
carecía de escolta, que había tenido hasta el verano de 1995, pero se la habían
retirado al reintegrarse en la Universidad tras su paso por el Tribunal
Constitucional.
Dos estudiantes
de Derecho declararon que el día anterior por la tarde habían visto en la
facultad al hombre identificado como autor del atentado.
Se hallaba de pie en el pasillo junto al
despacho de Francisco Tomás y Valiente, tomando notas en un bloc.
El asesino pasó
desapercibido entre los alumnos que esperaban en el pasillo para un examen
oral.
La semana
anterior al asesinato, Tomás y Valiente no había acudido a su clase de Historia
del Derecho por una afección pulmonar.
Esa mañana tenía
previsto examinar a las 11:00 horas a sus alumnos de primero de carrera y
aprovechó los minutos que le restaban para preparar las preguntas.
En torno a las
10:45 horas recibió la llamada de su amigo Elías Díaz, catedrático de
Filosofía del Derecho, que recordaría así la breve conversación telefónica que
mantuvo con el expresidente del Tribunal Constitucional:
- ¿Qué tal tus
bronquios? -le preguntó Elías Díaz.
- Bien, bien. Oye, tenemos que hablar -respondió Tomás y Valiente.
- ¿Qué te parece a eso de las doce?
- No, a esa hora tengo exámenes, me viene mejor antes de las once.
- Bueno, pues nos vemos ahora.
- De acuerdo, ¿vienes a mi despacho o voy yo al tuyo...?
En este
punto la conversación quedó interrumpida.
Elías Díaz
recuerda que tras un corto silencio -presumiblemente causado por la irrupción
del asesino en el despacho- oyó un ruido "como de petardo".
Pensó que se
trataba de un desvanecimiento de su amigo. "¡Paco! ¡Paco! ¡Qué
pasa!", gritó por el auricular.
A continuación
oyó otros dos disparos.
Por el pasillo
del departamento, un profesor gritó: "¡Han matado a Tomás!".
Tomás y
Valiente vio claramente a su asesino.
Su despacho, de
apenas diez metros cuadrados y con sólo una puerta, no ofrecía posibilidades de
huida.
El catedrático,
atrapado detrás de la mesa y con el auricular en la mano, se vio sorprendido
por el etarra, de quien recibió tres tiros a bocajarro, al menos uno de ellos
en la cara.
El cuerpo de Tomás y Valiente fue recogido inmediatamente por sus
compañeros y alumnos quienes, en un desesperado intento por salvarle la vida,
lo sacaron al pasillo y lo metieron en un ascensor.
Al llegar abajo, al aparcamiento, se dieron cuenta de que estaba muerto.
El reguero de sangre permaneció durante toda la mañana en los pasillos de
la cuarta planta.
En el que fue su último artículo escrito ("Razones y tentaciones del
Estado"), publicado al día siguiente de su asesinato en El País,
Tomás y Valiente hablaba de ETA con ocasión del asesinato de Fernando Múgica, y terminaba
así:
Cada vez que
matan a un hombre en la calle (y esto no es una metáfora, como diría el cartero
de Neruda), nos matan un poco a cada uno de nosotros.
El etarra Jon
Bienzobas Arretxe fue detenido por la Policía francesa en Pau en septiembre de
1999, tras asaltar un polvorín en la localidad de Plevin, y entregado
temporalmente a España para ser juzgado en noviembre de 2006 por cinco causas,
entre ellas el asesinato de Francisco Tomás y Valiente.
En mayo de 2007 la Audiencia
Nacional lo condenó a
30 años por este
asesinato.
Además,
y sentando un precedente muy importante, se fijó una indemnización de
400.000 euros para uno de sus hijos, Miguel Tomás y Valiente, por la
"lesión degenerativa e invalidante" consecuencia del trauma psíquico
sufrido a raíz del asesinato de su padre.
La sentencia
establecía una relación directa entre el asesinato de Francisco y la enfermedad
del hijo.
Durante el
alegato final, el fiscal Javier Zaragoza espetó al asesino que "gracias al
esfuerzo de su víctima por defender las libertades, los derechos y las
garantías, un abyecto y vil asesino como Bienzobas ha tenido un proceso
justo".
En el 10º aniversario de su asesinato
14 de febrero de 2006
Su hijo Quico Tomás y Valiente Lanuza, dijo
delante del presidente Zapatero:
"Mi padre
nunca hubiera aceptado en silencio cualquier pacto con quien no ha sido capaz
de condenar la violencia".