Los sepíidos (Sepiida) son un orden de
moluscos marinos
del orden Sepiida,
conocidos con el nombre
de:
sepia,
jibia,
hasi,
cachón.
Pertenecen a la clase Cephalopoda, que también incluye a los calamares, los pulpos y los nautilos.
Las sepias tienen
una concha interna única, el jibión, que se utiliza para controlar la
flotabilidad.
Las sepias tienen
grandes pupilas en forma de W, ocho brazos y
dos tentáculos provistos
de ventosas denticuladas, con las que aseguran a sus presas.
Por lo general, su
tamaño oscila entre los 15 y los 25 cm, y la especie más grande, la sepia gigante (Sepia apama), alcanza los 50 cm de longitud de manto y más de 10,5 kg de masa.[1]
Las sepias se alimentan
de pequeños moluscos, cangrejos, camarones, peces, pulpos, gusanos y otras
sepias, que mastica gracias
a su pico triturador, usado otras veces como defensa de último remedio.
Sus depredadores son
delfines, tiburones, peces, focas, aves marinas y otras sepias. La esperanza de
vida típica de una sepia es de 1 a 2 años.
Los estudios indican
que las sepias se encuentran entre los invertebrados más inteligentes.[2]
Las sepias también
tienen una de las mayores proporciones
cerebro–cuerpo de todos los invertebrados.[2]
El mundo grecorromano valoraba
la sepia como fuente del singular pigmento marrón que la criatura libera por
su sifón cuando se alarma.
La palabra que la
designa tanto en griego como en latín y en el español, sepia, se refiere ahora al color
marrón rojizo sepia.
Las sepias son un
ejemplo de la modificación de la concha característica de la mayor parte de
los cefalópodos: es sumamente
reducida y queda oculta bajo la cara dorsal del cuerpo, cubierta por los
pliegues laterales del manto.
En el caso de la sepia,
dicha concha tiene forma de cuchara.
De sus tabiques
originales no quedan más que unas láminas calcáreas, que parten de la capa
córnea para descender oblicuamente hacia la zona ventral del cuerpo.
Alcanza los 30 a
40 cm de longitud.
Vive en el fondo de los
mares poco profundos, generalmente entre las hierbas acuáticas y las algas.
Está muy bien adaptada
para nadar entre dos aguas, actividad que practica intensamente.
Se desplaza mediante
una ondulación progresiva de los pliegues laterales del manto.
A veces también recurre
a la energía reactiva, expulsando el aire de la cavidad paleal por el tubo del embudo.
En caso de peligro,
este modo de locomoción permite una rápida huida, efectuando verdaderos saltos
en el agua.
Se encuentra entre las
especies comestibles.
Existe una especie
venenosa: Me
Las
sepias son capaces de algunas de las respuestas de camuflaje más dinámicas en
el reino animal.
Pueden
cambiar sus patrones corporales rápidamente porque los cromatóforos en su piel
están bajo control neuronal directo.[3]
Tienen
tres estructuras: los leucóforos que dispersan la luz, los órganos cromatóforos pigmentados y los iridóforos que reflejan la luz todos
ubicados en su piel.[4]
Células
con forma de estrella cuyos brazos son músculos y cuyo centro es un saquito de
pigmento.
Estos
músculos están directamente conectados al cerebro, lo que permite a la sepia un
gran control sobre ellos y un cambio de color en 2 segundos.
Cuando
los músculos se excitan, dilatan el cromatóforo, y el pigmento se hace visible
en la piel de la sepia.
Las jibias también usan
el contraste y los bordes de los patrones visuales para ayudar a dictar su
respuesta de camuflaje.[3]
Las
sepias tienen distintos efectos cromáticos.
Por
ejemplo, pueden imitar los colores del fondo y mimetizarse perfectamente.
También
pueden generar un estampado móvil que se desplace en dirección contraria a la
suya, con lo que los depredadores se desorientan al no saber su dirección ni su
velocidad.
Otro
efecto es el aspecto deimático (simular dos ojos en la espalda), que utilizan
para parecer más grandes y amenazadoras.
Cuando
se camuflan, estas reproducen una aproximación increíblemente similar al de su
entorno visual, en su propia piel.
Para
ello, siguen un procedimiento todavía escasamente estudiado pero de gran
interés para la ciencia.[5]
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