Los octópodos (Octopoda, del griego ὀκτώ oktṓ 'ocho' y πούς podós 'pie')[2][3]
Son una orden de
Moluscos cefalópodos octopodiformes
Con ocidos comúnmente como pulpos.
Al igual que otros
cefalópodos, el pulpo tiene simetría bilateral,
con la boca y el pico situados
en el punto central de sus ocho extremidades.
Su cuerpo blando puede
cambiar rápidamente de forma y textura, permitiendo que el animal se escurra a
través de pequeños conductos o grietas.
Arrastra sus ocho
apéndices detrás de sí cuando nada; el sifón se
utiliza tanto para respirar como para la locomoción, expulsando un chorro de
agua.
Un sistema nervioso complejo y una vista
excelente sitúan a los pulpos entre los invertebrados más inteligentes y de mayor
diversidad conductual.
Sus hábitats comprenden
diversas regiones del océano: arrecifes de coral, aguas pelágicas y el fondo marino;
algunas especies viven en la zona intermareal y otras en la abisal. La mayoría de las especies crecen y
maduran rápido y son de vida efímera; no suelen pasar de los dos años. Durante
la reproducción, el macho
utiliza un brazo especialmente adaptado para depositar un paquete de esperma directamente en la cavidad paleal de la hembra, después de lo
cual sufre una rápida senescencia y muere
pocas semanas después del apareamiento. La hembra coloca los huevos
fertilizados en una madriguera y los cuida hasta que eclosionan, y entonces
también ella muere. Para defenderse de
los depredadores, los pulpos emplean estrategias como la expulsión
de tinta, el
camuflaje y el comportamiento
deimático. Tienen la capacidad de impulsarse velozmente a través del
agua y esconderse, e incluso engañar a otros animales. Todos los pulpos
segregan algún tipo de veneno, aunque solo nos consta que pueda ser mortal el
del pulpo de anillos azules.
Los pulpos aparecen a menudo en la mitología como
monstruos marinos: el Kraken en la nórdica, el Leviatán en
la tradición judeocristiana, el Akkorokamui en
la ainu y,
probablemente, la gorgona de la griega. En la novela de Victor Hugo Los trabajadores del mar (Les Travailleurs de la mer, 1866) se
relata la lucha contra un pulpo gigante, y este libro ha inspirado otras obras,
entre ellas Octopussy, de Ian Fleming.
Los pulpos se encuentran representados en el shunga,
arte erótico japonés. Están considerados una exquisitez en la gastronomía de
muchas partes del mundo, especialmente en la mediterránea y asiática.
La
cara interna de los brazos está cubierta con dos filas de ventosas que le permiten sujetarse o manipular objetos. Cada
ventosa es normalmente circular y con forma de cuenco; tiene dos partes
diferenciadas: una cavidad superficial externa o infundíbulo y una cavidad central hueca o acetábulo; ambas son
músculos gruesos cubiertos por una cutícula quitinosa protectora. Cuando una ventosa se adhiere a una
superficie, el orificio entre las dos estructuras se sella. La coordinación
entre los músculos del infundíbulo y del acetábulo le permiten adherirse y
desprenderse.[21][22][23]
El pulpo es bilateralmente simétrico a
lo largo de su eje dorso-ventral, por lo que los brazos se encontrarían en
posición anterior y la masa visceral en la posterior; la cabeza y el pie están en el extremo de un cuerpo
alargado y funcionan como la parte anterior del animal. En la cabeza se
encuentran los ojos, una corona de apéndices y el sifón; el pie ha
evolucionado hasta convertirse en un conjunto de apéndices flexibles y
prensiles denominados tradicionalmente brazos y a veces, erróneamente, «tentáculos»,[11] que rodean la boca y están unidos
entre sí cerca de su base por una estructura palmeada.[12] Los brazos se pueden describir en
función de la posición lateral y de la secuencia (como L1, R1, L2, R2) y
divididos en cuatro pares.[13][12] Los dos apéndices posteriores
generalmente se usan para caminar sobre el fondo del mar, mientras que los
otros seis se utilizan para buscar comida, por lo que algunos biólogos
consideran que tienen seis «brazos» y dos «patas».[14][15] La parte posterior está formada
por el manto, bastante
musculado, bulboso y hueco, fusionado con la parte posterior de la cabeza: se
conoce como masa visceral y contiene la mayoría de los órganos vitales.[16][17][11] Una cavidad vacía, la cavidad paleal o cavidad del manto, tiene
paredes musculadas y contiene las branquias; está conectada al exterior por un
embudo cónico o sifón.[12][18] La boca, situada debajo de los
brazos, tiene un pico quitinoso, duro y afilado,[17] conocido como pico de loro.[11]
La piel se compone de una delgada
epidermis externa con células mucosas, células sensoriales y una dermis
de tejido conjuntivo que consiste
principalmente en fibras de colágeno y
numerosas células con pigmentos, como los cromatóforos,
que permiten rápidos cambios de color.[11][12] La mayor parte
del cuerpo consiste en tejido blando que permite al pulpo alargarse, contraerse
y contorsionarse, pudiendo así escurrirse a través de pequeñas brechas; incluso
las especies de mayor tamaño pueden pasar a través de una pequeña abertura de
tan solo 2,5 cm de diámetro.[17] Al carecer de
soporte esquelético, los brazos funcionan como hidrostatos musculares y contienen
músculos longitudinales, transversales y circulares alrededor de un nervio
axial central. Pueden extenderse y contraerse, girar hacia la izquierda o hacia
la derecha, doblarse en cualquier punto y en cualquier dirección o mantenerse
rígidos.[19][20]
Los ojos, unos de los
más complejos entre los invertebrados,[24][11] están situados en la parte
superior de la cabeza encerrados en una cápsula cartilaginosa fusionada
al encéfalo, son grandes en proporción a su masa corporal y estructuralmente
similares a los de los peces. La córnea, que, a diferencia de los demás
cefalópodos, no está en contacto con el agua, está compuesta por una capa
epidérmica translúcida y la pupila en forma de
hendidura rectangular forma un hoyo en el iris y se encuentra justo detrás. La
lente está suspendida detrás de la pupila y las células retinianas fotorreceptoras cubren la parte
posterior del ojo. La pupila se puede ajustar en tamaño y un pigmento retiniano
filtra la luz incidente en condiciones de luz brillante.[12][24] Tienen un cristalino rígido y un iris que regula la
entrada de luz: el enfoque se realiza adelantando o atrasando el cristalino, al
igual que en los peces.[11]
Algunas especies tienen
un cuerpo distinto de la típica forma de los octópodos. Los miembros del
suborden Cirrina tienen robustos cuerpos gelatinosos
con una membrana que llega cerca de la punta de sus brazos y dos grandes aletas
similares a orejas por encima de los ojos, sostenidas por un caparazón interno.
Las carnosas papilas o cirros que
dan nombre al grupo, similares a mechones de cilios,
se encuentran a lo largo de la parte inferior de los brazos. Los ojos están muy
desarrollados.[25][26]

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